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La batalla de Torreón, que culminó con la caída de la plaza en poder de las fuerzas constitucionalistas de la División del Norte comandada por le Gral. Francisco Villa, el 2 de abril de 1914, es sin lugar a dudas la BATALLA DECISIVA de la segunda fase de la Revolución Mexicana iniciada el 19 de febrero de 1913, y que culminó el 14 de agosto de 1914 con la entrada de las fuerzas constitucionalistas a la ciudad de México.

A esta segunda fase a que antes me refiero, se le designó con el nombre de Revolución Constitucionalista y tuvo su origen en la citada fecha, 19 de febrero de 1913, cuando Don Venustiano Carranza, Gobernador Constitucional del Estado de Coahuila, se dirigió a la XXII Legislatura del Estado, dándole cuenta del telegrama que le había enviado el Gral. Victoriano Huerta, el día anterior, participándole haber hecho prisioneros al Presidente y Vice-Presidente de la República CC. Francisco 1. Madero y Lic. José Ma. Pino Suárez, así como de haberse hecho cargo del Poder Ejecutivo.

En su comunicación al Congreso del Estado, Don Venustiano Carranza propuso el desconocimiento inmediato de Huerta, y la expedición de un Decreto que lo autorizara para armar fuerzas que le permitiesen combatir a la usurpación. La Legislatura aprobó la solicitud del Gobernador Carranza, quien una vez investido con los títulos legales para restaurar el orden constitucional interrumpido, siendo estas dos efemérides luminosas en las luchas del pueblo por la libertad, la democracia y la justicia social.

La Revolución Mexicana que encabezó el C. Francisco I. Madero el 20 de Noviembre de 1910, triunfó definitivamente sobre el Gobierno dictatorial del Gral. Porfirio Díaz, el 21 de Mayo de 1911, en que se firmaron en Ciudad Juárez los tratados que pusieron fin a la lucha; y en las elecciones efectuadas durante el interinato gubernamental que siguió al triunfo de la Revolución, en una elección popular y abrumadora, fueron electos para Presidente y Vice-Presidente de la República, respectivamente, los CC. Francisco I. Madero y Lic. José Ma. Pino Suárez, los cuales tomaron posesión de sus cargos el 6 de noviembre de 1911. Durante el Gobierno Constitucional del C. Francisco I. Madero, las fuerzas conservadoras enemigas de la Revolución realizaron una labor insidiosa que a la postre dió como resultado ese período sangriento que la historia ha registrado como DECENA TRÁGICA y que al consumarse la traición de Huerta, puso en manos de las fuerzas regresivas, el poder que 18 meses más tarde, habría de derrumbarse al empuje incontenible de la Revolución Constitucionalista.

Es pertinente una ligera aclaración para enfatizar, que la caída del Gobierno del C. Francisco I. Madero, no se debió a Divorcio con el pensamiento revolucionario, ni por haber perdido la confianza del pueblo, ni por incapacidad política para gobernar, sino más bien por haber elevado a la categoría de ciudadanos de un país libre y democrático, a quienes cortesanos y serviles con los de arriba y altaneros con los de abajo, acostumbrados al privilegio y carentes de toda disciplina cívica, utilizaron la libertad que les concedió la Revolución para atacarla y denigrar a sus hombres.

Una prueba de estas apreciaciones sobre la conducta de Madero, es el hecho de que al consumarse el sacrificio el 22 de febrero de 1913, el pueblo entero de la República respondió como un solo hombre, el llamado que le hiciera el Gobernador de Coahuila el C. Venustiano Carranza.

Durante los 14 meses que Madero Gobernó al país, estallaron los cuartelazos encabezados por los Grales. Bernardo Reyes, Pascual Orozco y Félix Díaz en dos ocasiones; y por último y el más importante por tener honda raigambre popular, la rebelión de Emiliano Zapata. A todos resistió y venció Madero con singular fortuna, porque todos y cada uno de sus actos, contaron siempre con el respaldo de la opinión pública, no la inexistente opinión pública representada por una prensa hostil que se empeñó en desvirtuar a la Revolución y empequeñecer a sus hombres, sirviendo a quienes conspiraban en contra del Gobierno, al grado de que cuando Huerta por medio de su traición y felonía, y coludido con el Embajador de los Estados Unidos Henry Lane Wilson y Félix Díaz, derrocó al Presidente y Vice-Presidente legítimos y asesinándolos posteriormente. Sugestionado por un falso sentir nacional de que daba cuenta una prensa mercenaria y enemiga de la Revolución, Huerta creyó ingenuamente que el pueblo mexicano había perdido la fé en la democracia y estaba decepcionado de la conducta de sus hombres. El ofrecimiento de Huerta de imponer el orden y dar garantías costare lo que costare, daba la impresión de ser consecuencia de un desideratum nacional. Pero Huerta estaba equivocado, como bien lo demostró la Nación entera cuando respondió gallarda y unida, al llamado que le hizo el C. Venustiano Carranza, el 19 de febrero de 1913, y que representó, no sólo el propósito de restaurar la legalidad ultrajada, sino aún más, impedir que se burlaran los principios de redención política, social y económica proclamados por la Revolución de 1910.

De todos los ámbitos del país surgieron los caudillos y entre ellos muy señaladamente, el Gral. Francisco Villa, cincelador de campañas que cautivaron la imaginación popular y dieron aliento a la Revolución en diversas regiones de. la República. El Gral. Villa, nacido del pueblo, había sufrido las injusticias y vejaciones que la dictadura imponía a los humildes; se le negó la oportunidad de educarse y de trabajar, y fue víctima de los caciques que se ensañaban Con todo aquel que manifestase su inconformidad o se rebelase, como intuitivamente lo hizo el Gral. Villa, contra un estado social en que se negaba la justicia y la dignidad al hombre. Villa es el prototipo de los hombres que habiendo sentido en su propia carne los latigazos de la tiranía, empujados por el destino, un día se convierten en caudillos de los pueblos.

Parecidamente surgió Madero, Nativo de Parras, educado en el extranjero, pero con hondas raíces humanas en la tierra de espíritu místico y generoso, se rebeló ante las injusticias de que eran víctimas las clases obrera y campesina. El dictador menospreció su capacidad y sin embargo, meses después se convertía en el iniciador y padre de la Revolución Mexicana. Los caminos que conducen a la realización de las grandes epopeyas son incomprensibles. Carranza ocupó durante largos años una curul en el Senado de Porfirio Díaz. Era provinciano como Madero y durante el régimen dictatorial de Díaz pasó desapercibido. Hombre de férrea voluntad, dedicado al estudio de la historia y con una gran admiración por el Benemérito Don Benito Juárez, fue cultivándose en la realidad social que vivía nuestra Patria, y en 1913 al acaudillar el movimiento contra la usurpación de Huerta, puso su experiencia y sus dotes de estadista al servicio del pueblo de México.

Iniciada la lucha contra Huerta, Francisco Villa, el hombre proscrito por la Ley, el obligado a vivir siempre sorteando los mayores peligros, ya que no le era permitido posponer cualesquier resolución de sus problemas, debido a la persecución implacable de que era objeto, se vio obligado a una abstención absoluta del vino y del tabaco con objeto de mantener siempre alertas sus facultades. Villa, que tomaba siempre determinaciones sobre la marcha, pues su lucha siempre se desarrolló en las circunstancias más apremiantes y desfavorables, por su carácter decidido y la gran experiencia adquirida más tarde, constituyó uno de los más valiosos aportes para la Revolución. Sus antecedentes lo capacitaron para ser maestro de las guerrillas y obligado como era, por razón de la lucha, a prontas determinaciones y rápida ejecución de todos sus planes, se convirtió en el precursor de las campañas relámpago realizadas por los comandos aliados, de que tanto se habló en la Segunda Guerra Mundial.

Villa se encontraba ocasionalmente en Texas al otro lado de la frontera con Chihuahua, en 1913. el 8 de marzo de ese mismo año entró al país con 7 hombres a sus órdenes, y en una sucesión de acciones de guerra, en todas las cuales triunfó sobre las fuerzas federales que sostenían a Huerta, fue conquistándose una admiración popular que le permitieron organizar regimientos y brigadas con armas, municiones y pertrechos quitados al enemigo.

Una somera relación de las acciones guerreras del Gral. Villa, hasta la segunda toma de Torreón, revela la prodigiosa actividad y extraordinario crecimiento de este hombre que por méritos propios, llegó a convertirse en el caudillo militar más sugestivo de la Revolución Constitucionalista y en el arquitecto indisputable del triunfo de la segunda batalla de Torreón, batalla que fue la decisiva de la propia Revolución y que destruyó en forma inequívoca y definitiva, el poder y las esperanzas de triunfo del gobierno usurpador de Victoriano Huerta.

A raíz de la entrada de Villa al país, al frente de sus hombres, recorrió el Estado de Chihuahua librando diversos combates. El 26 de agosto ocupa .San Andrés, donde ya cuenta con algunas piezas de artillería; le siguen Camargo, Santa Rosalía y Jiménez y el 29 de septiembre. en Loma, Durango, es nombrado Jefe de la División del Norte; ese mismo día derrota en Avilés a las fuerzas huertistas, recogiéndoles dos cañones, 600 fusiles, 150 mii cartuchos y 360 granadas; y dos días después, el primero de octubre, ataca por primera vez a Torreón, derrotando completamente al enemigo y capturando 11 cañones, 300 granadas, 300 fusiles, medio millón de cartuchos, 6 ametralladoras, 40 máquinas de ferrocarril y otros pertrechos y equipo ferroviario, según consigna Martín Luis Guzmán en su libro ?Memorias de Villa?.

Trece días después Villa emprende el camino nuevamente al norte; llega a la ciudad de Chihuahua a la que ataca los días del 5 al 8 de Noviembre y frustrado en su empeño al no poder rendir la plaza, y casi agotadas las municiones, se sobrepone a esta momentánea adversidad, deja a los jefes huertistas en la plaza ufanos de su aparente triunfo y concibe una de sus magistrales maniobras, pues el día 14 de noviembre cae en sus manos un tren que venía de Juárez cargado de carbón, tira éste, sube a sus tropas hechas de infantería en las góndolas abiertas y burlando la suspicacia de los despachadores de trenes de Ciudad Juárez llega a esta plaza, descarga sus infanterías a media noche, entra a la Ciudad y al amanecer del día 15 esta la plaza con todos sus cuarteles y numerosos prisioneros en sus manos. Esta maniobra es más fácil relatarlo que ejecutarla pero con ser tan brillante y sobresaliente, resta considerar cómo 8 días después el Gral. Villa ya organizado, reunido con su caballada que hizo la jornada por tierra de Chihuahua a Juárez, el 24 de noviembre de 1913 libra la batalla campal de Tierra Bronca en la que destruye un poderoso ejército destacado de Chihuahua, y el 8 de diciembre entra triunfante a esta Ciudad. Estar meteórica carrera de triunfos se ve coronada con el asalto y toma de Ojinaga, Ciudad Fronteriza a la que se habían refugiado los restos de las fuerzas huertistas, la toma el día 11 de enero de 1914, con lo que queda el Estado de Chihuahua enteramente en poder de las fuerzas de la revolución. Dos meses y medio más tarde, el Gral. Villa al frente de la ya poderosa División del Norte, daría la segunda batalla de Torreón que, repito una vez más, fue la batalla decisiva de la segunda fase de nuestra Gran Revolución.

Para tener una idea de la significación que tuvo la Batalla de Torreón en la Revolución Constitucionalista, bastaría consultar la prensa de aquellos días. El Gral. Huerta jactándose de su poder militar, anunció haber congregado en Torreón, a los mejores Generales del Ejército Federal, encabezados por el Gral. José Refugio Velasco. Torreón ?decía? será la tumba de la Revolución, y el aniquilamiento de Francisco Villa. Huerta no decía mentiras, pues en efecto, el Gral. José Refugio Velasco no sólo había sido de los más competentes y pundonorosos Generales de la época Porfirista, al que las circunstancias y su sentido de disciplina obligaron a servir al régimen espúreo de Victoriano Huerta, sino que además en la Plaza de Torreón, estaban congregados la flor y nata del antiguo ejército federal.

Al redactar estas breves palabras, prólogo para el folleto del cual es autor el señor Gral. de Div. Roque González Garza, queremos recordar que fueron él y el Corl. Enrique Santoscoy, los portadores del pliego dirigido por el Gral. Francisco Villa al Gral. José Refugio Velasco, pidiéndole la rendición de la Plaza El Gral. González Garza habría de ocupar merecidamente más tarde, en forma provisional, la Presidencia de la República. Deseo manifestar, igualmente, que al hacer la edición de este folleto, sólo nos guía el deseo de hacer justicia al Gral. Francisco Villa, cuyo triunfo en Torreón, precipitó el triunfo de la Revolución Constitucionalista, de cuyos postulados y principios se deriva la Carta Magna de 1917 y los Gobiernos que desde entonces se han sucedido, consagrados todos a garantizar para México el imperio de la justicia social como lo prueba para ejemplo de todos los pueblos del mundo, en estos momentos de inquietud universal, la obra que con acierto y eminente sentido revolucionario, realiza uno de los más apasionados intérpretes de la Revolución Mexicana, el señor Presidente de México, LIC.
ADOLFO LOPEZ MATEOS


GRAL. DE DIV. RAUL MADERO GONZÁLEZ.

Febrero lo, de 1962.
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