DIA 25.
     
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DIA 25.

   
 
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DUELO DE ARTILLERIA.--SEGUNDO ASALTO A GOMEZ PALACIO.--NOTABLE ASALTO AL CERRO DE LA PILA.--DOSCIENTOS MUERTOS EN UNA HORA.
La mañana se pasó relativamente tranquila. Se están ultimando los preparativos para el asalto que deberá efectuarse en la noche de hoy. A las tres de la tarde salen las fuerzas en dispositivo de ataque y una hora después estalla el primer cañonazo, durando el duelo de artillería hasta las siete de la noche. El Niño dispara tres cañonazos que hacen blanco en uno de los fortines del cerro de La Pila. Los federales cañonean a nuestro primer tren explorador y no logran hacer blanco, a pesar de encontrarse a tres kilómetros de sus posiciones. A las cinco de la tarde llega el Sr. Gral. Tomás Urbina con 160 hombres. Ya habiendo obscurecido llega el Sr. Gral. Severino Ceniceros con una escolta de doscientos hombres, indicando que el General Contreras entrará por Ciudad Lerdo. La derecha, mandada por los Generales José Rodríguez, Urbina y Herrera, asalta vigorosamente el cerro de La Pila, arrebatando a los enemigos dos de las cinco posiciones artilladas que tenían en lo alto de dicho cerro. Luego la extrema derecha, al mando de Herrera se apodera de la parte comprendida entre Gómez Palacio y Ciudad Lerdo, de donde huye el enemigo reconcentrándose a Gómez Palacio. El centro, lo forman las Brigadas González Ortega y Guadalupe Victoria que se batieron bizarramente teniendo un efectivo como de 2,400 hombres. Desgraciadamente el ataque no tuvo el resultado apetecido, debido a que el ala izquierda entró en acción hasta la una de la mañana. Formaron el ala izquierda las Brigadas Hernández y Zaragoza. Se debió esto a que por no perder el contacto avanzaron con suma lentitud: así es que a la una de la mañana que se lanzaron al asalto, ya las fuerzas de la derecha estaban rendidas de fatiga y no pudieron secundar aquel empuje vigoroso de la izquierda. Fue realmente notable la ardentía con que se batieron estas últimas fuerzas de la derecha al comenzar la noche; y también fue digno de llamar la atención el movimiento que hizo la artillería recorriendo un gran arco de círculo frente al Cerro de La Pila.
Imponente y aterrador es el espectáculo del asalto por nuestros soldados al Cerro de la Pila. Empezó a las 8.45 de la noche. Apenas se había iniciado, y ya era ensordecedor el estrépito de la fusilería, de los gruesos cañones, de las terribles bombas de dinamita y de las mortíferas ametralladoras. El ruido producido, podría compararse con el del mar embravecido o el de furioso torrente que se despeña entre las rocas sacando los árboles de cuajo. Ni un solo momento, mientras duró el asalto, pudo reinar la oscuridad en el cerro, pues que en todo instante lo iluminaban siniestramente los fogonazos de aquellos luchadores estoicos y bravíos. Y la columna asaltante, primero en la llanura, muy presto en la falda del cerro, luego a la mitad, por fin en lo alto, avanza arrolladora e incontenible, por más que fuera impetuosa y desesperada la defensa. Y a la hora justa de que comenzara el asalto, las fuerzas constitucionalistas coronaban el cerro tan vigorosamente disputado por los contendientes. Y entonces, ya en la cumbre, vinieron a registrarse actos de supremo denuedo, acciones que escapan a la observación más minuciosa; pero que deben consignarse para ejemplo de los que nos sucedan. Entre otros, hemos visto a los constitucionalistas llegar hasta el pié de los reductos, meter la boca del fusil por las aspilleras, disparar hacia dentro, desafiando el fuego certero y mortífero de los defensores. Un soldado de nuestras fuerzas pudo meter la mano por la aspillera coger la boca de un fusil enemigo y arrebatarlo vigorosamente dejando inerme a su contrario. Dentro del fortín, certeramente cañoneado por el Coronel Santibáñez, había 11 soldados federales y un oficial; murieron los soldados a manos de los nuestros, y apenas si el oficial, fingiéndose muerto pudo escapar
con vida trabajosamente. Los doce hombres a que nos referimos se metieron dentro del fortín cuando ya no les fue posible salir huyendo en compañía de los otros federales que antes habían defendido las posiciones. En este asalto terrible y magnífico perdió la vida el General Ricardo Peña y salió herido el General Eduardo Ocaranza. En concepto de los que esto escriben, el asalto al cerro de La Pila es la más grande de las acciones de guerra que se registra en nuestra historia revolucionaria a partir de 1910. Dos mil hombres atacan un cerro no más largo que un kilómetro, con una inclinación de 30 grados, perfectamente afortinado en su cumbre y falda y defendido por más de 500 hombres, 4 cañones, 8 ametralladoras y sostenido por el Fuerte de Santa Rosa y las baterías de Gómez Palacio.
 
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