LAS COSAS NO ERAN ASÍ....
     
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LAS COSAS NO ERAN ASÍ....

   
 
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En su afán de disimular ante los ojos de la población metropolitana el desastre ocurrido en Torreón, El- Diario del jueves 26 de marzo de 1914 anunciaba: "Lo que hasta hoy ha sucedido en Torreón", diciendo que.- "Las avanzadas rebeldes retroceden al empuje de las fuerzas del general Velasco hasta Bermejillo", y agregando además:
"Los combates parciales alrededor de Torreón fueron reñidos y de resultados favorables para las armas federales. Las tropas del general De Moure y del General Maas han llegado a reforzar las de la poderosa División del Hazas."
Pero estas noticias eran solamente una cortina de humo, meter la cabeza bajo la arena, para no ver la triste realidad que se cernía sobre el otrora poderoso ejército federal. El domingo 12 de abril de 1914, El Diario todavía insistía en presentar a Villa encerrado en Torreón y sitiado por la División del Nazas. Decía, por ejemplo: "En fuentes oficiales confirmósenos ayer plenamente, la noticia de que los federales han puesto sitio a Torreón, y que la situación de los revolucionarios que se encuentran dentro de la ciudad lagunera, cada día es más crítica, debido al estrecho cerco puesto por las tropas leales a la plaza y las poquisimas provisiones con que los sitiados cuentan.
"El plan estratégico del general Velasco, al que obedeció la evacuación de la ciudad, empieza a ser puesto en práctica, nos dicen, pues las columnas federales rodean y dominan a Torreón por todos lados, logrando con ello imposibilitar por completo todo movimiento que los rebeldes intentaran hacer.
"La mejor prueba de que los rebeldes han comprendido lo desesperado de su situación - -
El tono seguía igual en toda la crónica. La presión de Victoriano Huerta sobre el "periódico independiente de la mañana", obligaba a El Diario, como a todos los de la metrópoli, a tergiversar la dramática situación de las fuerzas federales. Inútil empeño, que solamente retrasaría la información unos días. La verdad no tardaría en saberse en México y con ella la certidumbre de que el gobierno del usurpador Victoriano Huerta estaba "tocando fondo".
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Testimonio Periodístico.
Marzo 26 y abril 12 de 1914.
El Gran Golpe.
A pesar del triunfo espectacular en Gómez Palacio y Torreón, a Villa no le agradaba mucho la proximidad del general José Refugio Velasco, que reorganizaba sus fuerzas en Viesca. Pero lo que realmente le preocupaba eran las noticias de que en San Pedro de las Colonias se estaban concentrando poderosas fuerzas federales al mando de un grupo de generales huertistas, que no habían podido llegar a tiempo a Torreón para auxiliar al general José Refugio Velasco. Estas fuerzas estaban acosadas por los hombres de Resalió Hernández y Toribio Ortega, a quien Villa había enviado para impedirles la salida a Torreón.
Cuando Villa entró a Torreón, el 3 de abril de 1914, en San Pedro de las Colonias se hallaban el general federal Javier De Moure, con 1.700 hombres; el coronel Francisco Cárdenas, el asesino del Presidente Madero, con 250 rurales; la pomposamente llamada División del Norte federal, que contaba con 1.700 hombres reclutados en la leva, al mando del general Carlos García Hidalgo, a quien auxiliaba el general Marcelo Caraveo; el general Joaquín Maas con la División del Bravo, compuesta por 1.300 hombres; el brigadier Rodrigo Paliza, con un cuerpo de voluntarios juchitecos, y el general Francisco Romero, que acabó por tomar el mando. Todas estas fuerzas llegaron en poco tiempo a constituir un bien organizado ejército de cerca de 6.000 hombres, a los que debían añadirse los 4.000 sobrevivientes de la División del Nazas concentrados en Viesca.
El dilema de Villa era a cuál de los dos ejércitos enemigos atacaba primero, si al derrotado de Velasco o al reunido en San Pedro de las Colonias, cuya figura principal en esos momentos era el general De Moure. La estrategia indicaba que Velasco, todavía no repuesto del descalabro, tardaría en acudir en auxilio de De Moure, pero este sí, con tropas frescas, socorrería de inmediato a Velasco si era necesario. Villa decidió atacarlo primero y sin perder tiempo al día siguiente de tomar Torreón, el viernes 3 de abril, empezó a enviar a San Pedro de las Colonias a todas sus brigadas: las de Tomás Urbina, Rosalio Hernández, José Rodríguez y Maclovio Herrera; las de José Isabel Robles, Calixto Contreras, Eugenio Aguirre Benavides, Raúl Madero, Toribio Ortega, Miguel González y Toribio V. de los Santos.
El domingo 5 de abril rodeaban la plaza, donde los federales se habían atrincherado detrás de pacas de algodón. Los villistas, atrincherados a su vez en las muchas zanjas y bordos que rodeaban la población, iniciaron el ataque con tal ímpetu que lograron situarse a unos 500 metros de la estación de ferrocarril y acercarse a las primeras casas del pueblo.
El general José Refugio Velasco, al enterarse en Viesca de lo que ocurría, resolvió acudir en auxilio de los sitiados en San Pedro. Para ello envió al general Benjamín Argumedo a que con sus jinetes entrara a como diera lugar en San Pedro y pidiera al general De Moure una buena dotación de parque que le permitiera salir de Viesca, romper la línea de fuego enemiga, y reunírsele en la plaza atacada.
Argumedo logró entrar a San Pedro, pero cuando abandonaba el pueblo custodiando un convoy de 30 carros de ferrocarril en los que llevaba suficiente equipo, municiones y alimentos, como para satisfacer las necesidades de Velasco, los revolucionarios lo atacaron y lo obligaron a retroceder. El general Romero dispuso, el miércoles 8, que Argumedo intentara una segunda salida escoltado por la columna del general De Moure, reforzada con la del brigadier Paliza, a la vez que la División del Bravo salía por el otro extremo de la ciudad para distraer a los revolucionarios. Atacada violentamente por la caballería villista, la División del Bravo debió ser auxiliada por la División del Norte federal, lo que permitió que el convoy de Argumedo llegara al pueblecillo de Soledad, entre San Pedro de las Colonias y Viesca, donde se le reunió el general Velasco con sus hombres. Se formó un ejército de poco menos de 6.000 hombres, con el que Velasco avanzó dispuesto a atacar por la espalda a los villistas.
Mientras el ejército reorganizado por Velasco se encaminaba hacia San Pedro, el jueves 9 de abril Villa decidió lanzarse a un ataque final contra esta población antes de que llegaran los refuerzos. La mañana del Viernes Santo 8.000 villistas se lanzaron al combate. La lucha se prolongó por 14 horas, al cabo de las cuales fueron rechazados por los defensores de San Pedro. El saldo de muertos de ambos bandos fue de 4.000 hombres. Al anochecer, la columna del general Velasco pudo entrar a San Pedro y unirse a los que allí peleaban.
Pese a las apariencias, las circunstancias eran favorables para el general Villa: Todos los ejércitos federales de la región, incluido el del general Velasco, se habían encerrado por sí mismos en San Pedro de las Colonias. La tarea era difícil, pero si los villistas lograban derrotarlos, de una vez aniquilarían a una de las partes más importantes del ejército federal.
La guarnición de San Pedro de las Colonias sumaba ahora 9.000 soldados. Durante tres días Villa concentró en las afueras de la población a sus 12.000 hombres el total de sus fuerzas y el lunes 13 de abril de 1914 dio la señal de ataque.
Los revolucionarios asaltaron al mismo tiempo todo el perímetro de la plaza. Los soldados federales comenzaron a desmoralizarse y hubo el caso en que algún oficial debió echar mano a su pistola para obligarlos a volver a ocupar sus puestos de combate. El asalto se intensificó por el lado del panteón, luego por el rumbo de la estación. A medía mañana los federales solamente conservaban en su poder el centro de la población. En las primeras horas de la tarde, agotadas prácticamente sus municiones, el general Velasco ¡herido en el brazo! dispuso la retirada. Argumedo quiso salir una vez más a atacar a los villistas,



Pero esta vez sus hombres fueron vapuleados sin piedad debido a una sorprendente razón: en su mayoría estaban ebrios.
Los federales empezaron a abandonar San Pedro de las Colonias según podían, a pie o en ferrocarril. Luego de una penosísima marcha, parte del ejército huertista al mando de Joaquín Maas pudo llegar hasta la estación Hipólito, sobre la vía férrea que une Torreón con Saltillo. Allí se concentraron, el lunes 20 de abril, los restos de las divisiones del Bravo, del Nazas y del Norte.
Muy cerca de allí estaba otra estación, Paredón, y unos kilómetros más adelante, la ciudad de Saltillo.
El martes 14 de abril Villa entró, en San Pedro de las Colonias donde encontró 3.500 muertos federales. Obtuvo, como botín de guerra, ocho cañones, además de varios carros de municiones.
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Viveres para las fuerzas federales marzo 1914
Fusilen a Chao.
Parrafo