LAS GRANDES BATALLAS DE LA DIVISIÓN DEL NORTE.
     
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LAS GRANDES BATALLAS DE LA DIVISIÓN DEL NORTE.

   
 
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Capituos relacionados a Torreón y la Comarca Lagunera.
Aquí se encuentra una descripción hecha por los hermanos Luis y Adrián Aguirre Benavides, quienes combatieron al lado del General Francisco Villa, desde la formación de la división del Norte.
2da edición en 1965 de la editorial Diana.
LA PRIMERA CÁPTURA DE TORREÓN.
Después de haberse organizado la División del Norte y recibido el general Francisco Villa el mando supremo de ésta, se acordó marchar a la conquista de Torreón. El plan de ataque era como sigue: El general Villa y su brigada marcharían desde la hacienda de La Loma, siguiendo la orilla del río Nazas, hasta Avilés; La brigada Benito Juárez, al mando de Maclovio Herrera, avanzaría desde la hacienda de La Goma, por la margen izquierda del río Nazas, yendo sobre Lerdo y Gómez Palacio; Las brigadas Morelos y Zaragoza al mando de los generales Tomás Urbina y Eugenio Aguirre Benavides, respectivamente, asistidas por las brigadas comandadas por Calixto Contreras, Juan E. García y Benjamín Yuriar, marcharían por diversos rumbos para reconcentrarse con el general Villa en Avilés.
A las 10 horas dci 25 de septiembre se lanzó el ataque sobre la plaza de Avilés, que estaba guarnecida, por zapadores y rurales, y resguardo de artillería, fuerzas que se encontraban bajo el mando del general Alvírez.
Lo grueso del combate no duró más de dos horas, pues las fuerzas federales no pudieron resistir el vigoroso empuje de las tropas revolucionaria La plaza se tomó a sangre y fuego. Los federales perdieron más de la mitad de sus efectivos, muriendo todos los oficiales federales, todos los artilleros y pereciendo asimismo el general Alvírez. Sólo se hicieron 25 prisioneros, logrando huir escasos soldados rasos, abandonando hasta las carabinas y cantimploras. Juan N. Medina imploró por la vida del artillero Elías Torres (quien más tarde fuera vigoroso periodista e historiador de la revolución) y otros oficiales artilleros que ya salvados se incorporaron espontáneamente al movimiento revolucionario El botín consistió de 2 cañones, 600 fusiles, 150 cartuchos y 360 granadas.
El mismo día, y a las mismas horas, en la margen opuesta del río Mazas, Maclovio Herrera hizo garras al colorado Emilio P. Campa, quitándole la artillería. Campa huyó a uña de caballo, salvando la vida.
Torreón estaba defendida por una fuerza de soldadas federales y ex revolucionarios colorados comandados por el recio y formidable guerrillero Benjamín Argumedo. con un efectivo de no más de 4,000 hombres, bajo el mando supremo del general Eutiquio Munguía El conjunto de hienas revolucionarias era de 4,000 a 5,000 hombres, todos ellos fogueados y enamorados de los principios que proclamaba la revolución.
El combate por la Toma de Torreón no duró más de tres días, culminando la tarde del 1° de Octubre.
A las tres de la tarde del 28 de septiembre de 1913, Villa se desprendió de Aviles al frente de su brigada y la de don Toribio Ortega, acompañado de José Rodríguez y Juan N. Medina, jefe de su estado mayor. A las cinco de la tarde se generalizó el combate, y los federales tuvieron que replegarse a sus fortificaciones del Cañón del Huarache ,que se abre a los ojos, entre las alturas de ese nombre y el cerro de Calabazas.
La artillería revolucionaria, al mando del coronel Servín, fijó su puntería sobre las fortificaciones del cañón Huarache, sosteniéndose vigorosamente.
Villa, al frente de su brigada y las de Urbina, Toribio Ortega y Rosalío Hernández, avanzó lento pero firmemente por la margen derecha del río Nazas, marchando a tono con las de Maclovio Herrera, Calixto Contreras y Juan E. García, quienes en la margen opuesta combatían ferozmente contra los colorados que mandaban Argumedo y Campa.
Una vez que Villa tomó la entrada del cañón del Huarache, dejó encadenada su caballería y pie a tierra penetró en el cañón, al amparo de la oscuridad, peleando bravamente pulgada a pulgada. Para no ser víctima de sus propias armas, ordenó a la artillería que suspendieran el fuego, y al filo de las tres de la madrugada, dejando un reguero de sangre de sus propias tropas, los federales abane donaron sus posiciones del cañón del Huarache, para fortificarse en el cerro de la Cruz.
Los generales Aguirre Benavides y Robles. tuvieron a su cargo una tarea positivamente difícil y peligrosa, pues atravesaron a campo raso y en terreno plano rumbo al Oriente, con la mira de entrar por el rancho de San Julián, extendiéndose hasta las fortificaciones de San Joaquín.
Durante el día siguiente y por todos los rumbos de la dudad se sostuvo el ataque con muy lentos avances, mientras se preparaba el combate final que se llevaría a cabo a las nueve de la noche, y para el cual fue necesario remunicionar a todas las fuerzas. Antes de efectuar el asalto, se comisionó al coronel Juan N. Medina para que se asegurara de que habían sido tomadas todas las medidas y precauciones necesarias para asegurar el éxito, misión que cumplió con exposición de su vida y con toda eficacia.
A las nueve de la noche, conforme a lo ordenado por Villa, se inició el asalto general a la plaza por los cuatro puntos cardinales. Todos los soldados iban pie a tierra, sin sombrero ni cachucha y vestidos de civil, y con la manga derecha de la camisa arremangada para su identificación. El asalto fue fulminante y los federales huyeron en desorden. al amparo de la oscuridad y de una tolvanera de las que son tan comunes en la región de La Laguna. En menos de una hora quedó toda la plan en poder de la División del Norte.
El general Villa hizo su entrada triunfal a las 22 horas del. 19 de octubre de 191 3, y fue recibido con música popular, vítores, y aclamaciones para Madero y Villa.
En esa brillante acción de armas se capturaron 11 cañones, la renombrada pieza de artillería El Niño, con su carro blindado y sus accesorios, 300 granadas, 300 fusiles, 6 ametralladoras, 500 mil cartuchos, 40 máquinas de ferrocarril y enorme e incontable número de carros de carga, pasajeros y pullman.
Los federales tuvieron más de 800 muertos, la. mayoría de ellos eran colorados, contándose entre los mismos al general Felipe J. Álvarez y al coronel Mitchel, 120 prisioneros y 1200 heridos que fueron llevados, a los hospitales.
La División del Norte perdió sólo 42 hombres, entre ellos a los capitanes Blas Flores y Pedro Septién, de la brigada Francisco Villa; el teniente coronel Elías Uribe y el capitán 1° José Díaz de la brigada Yuriar y 14 individuos de tropa, así como 42 heridos entre oficiales y soldados

El general Villa rindió el siguiente parte a don Venustiáno Carranza, Primer Jefe del Ejercito Constitucionalista.

“Tengo la honra de poner en el superior conocimiento de usted que fui designado por varios jefes de brigada pan tomar el mando de las operaciones, en el ataque que realizamos a la plaza de Torreón Coah, defendida por fuerzas federales e irregulares (colorados), sostenedores del usurpador Victoriano Huerta.
“Por datos completamente justificados supimos que la plaza antes Mencionada estaba defendida por fuerzas en número de 4 mil hombres, inclusive los cuerpos de voluntarios denominados DEFENSA SOCIAL, formados con empleados, hacendados y españoles comandados por el general de Brigada Eutiquio Munguía, y por el brigadier Luis E. Anaya así como los irregulares Emilio Campa y Benjamín Argumedo, todos asesorados por el divisionario Ignacio A. Bravo. Por nuestra parte el jefe de operaciones era el que suscribe, y de las diversas brigadas que tornaron parte en el combate, los generales brigadieres Tomás Urbina. Calixto Contreras, Eugenio Aguirre Benavides y Domingo EL Yuriar.
El dispositivo de combate se acordó en la hacienda de La Loma, y una vez aprobado se ordenó que la brigada Francisco Villa marchara por el costado derecho del río Nazas rumbo a Avilés, y la brigada Benito Juárez por el costado izquierdo del río, para proteger el flanco de la anterior y con la misión de efectuar el ataque a Lerdo y Gómez Palacio, mientras que la brigada Morelos cubrirá el flanco derecho, con órdenes de reconcentración en la citada plaza de Avilés
El primer escalón del enemigo tenía como centro el punto antes mencionado, pero sus avanzadas se encontraban tendidas sobre los cerros de Monterrey, situado como a dos kilómetros del punto de partida.
“Desde allí, y a horas que serian las diez de la mañana, nuestras avanzadas se pusieron en contacto con el enemigo formalizándose casi enseguida el combate, disputándole sus posiciones al enemigo, las que abandonaron en precipitada fuga, dejándonos el paso para llegar sobre Avilés lugar al que llegamos a la una de la tarde del 29 de septiembre y donde se formalizó un vigoroso combate que terminó con la ocupación de dicha plaza por nuestras fuerzas,, quedando allí gran cantidad de muertos y heridos del enemigo, mientras que otros a duras penas lograron marchar en precipitada fuga hacia la población de Torreón. Y casi simultáneamente la brigada Juárez (al mando de Maclovio Herrera) batía con éxito las fuerzas de Emilio Campa, sobre el amino que desde La Loma se desprende a Lerdo.
“Levantado que fue el campo, se obtuvieron los siguientes resultados:
"El enemigo dejó 467 muertos, entre federales y orozquistas entre los que se encontraban el general federal Felipe J. Alvirez, jefe de este puesto, y el coronel Mitchel, así como infinidad de oficiales de diferente graduación. Se hicieron 1 9 pasioneros, los cuales fueron pasados por Las armas, por estar comprendidos dentro de la Ley del 25 de enero de 1862, que puso en vigor el Decreto expedido por el Jefe Supremo del Ejército Constitucionalista.
“El Ejército Constitucionalista lamenta la muerte de 38 soldados, y 71 heridos.
“Los elementos de guerra quitados al enemigo, son: En el campo de operaciones de la brigada de Herrera, un cañón sistema Mondragón, arrebatado a Campa y su chusma. En el campo de la brigada VillaUrbina, esto es, en Avilés, 2 cañones sistema Cannet, 532 rifles 7 mm con dotación de 150,000 cartuchos, y 800 granadas para cañón de 8 mm, abandonado todo por el enemigo en su vergonzosa fuga.
“En este combate nuestra artillería estaba come puesta en la forma siguiente: 2 cañones sistema Mondragón de 75 mm, pertenecientes a la brigada Fran cisco Villa, que fueron arrebatados al enemigo el 26 de agosto del corriente año, en el combate dé San Andrés, Chih; una ametralladora y un fusil Rexer La brigada Benito Juárez contaba con 3 cañones de diferente calibre (manufactura nacional), 1 ametralla dora y 2 fusiles. Rexér.
“El día 30 a las 15:00 horas se levantó el campo, marchando sobre la plaza de Torreón. Para este ataque nos reforzaron con sus brigada los generales. Con tretas, Aguirre Benavides y Yuriar, concurriendo también las fuerzas del valiente coronel Juan E. García Después de tomarse los puntos necesarios, a las cuatro se inició el combate contra las avanzadas federales, generalizándose una hora después El empuje de nuestros leales y valientes soldados hizo replegarse a los esbirros de Huerta. Hasta sus fortificaciones sitas en el Cañón del Huarache y Calabazas, y por otro lado por el cerro de La Pila, que corresponde al costado izquierdo del río, es decir, por el lado de Lerdo. En estas posiciones se hicieron fuertes hasta las tres de la mañana (03:00 A.M.) del día 1 o de octubre, hora en que el impulso de nuestros abnegados soldados les hizo levantarse y reconcentrarse en sus últimos reductos, el cerro de la Cruz y trincheras (obras de carácter permanente) sitas en el barrio de San Joaquín.
“Durante este día se sostuvo nutrido y continúo tiroteo con objeto de evitar los diversos empujes que hizo el enemigo para recuperar los lugares de que habia sido desalojado. Por mi parte ordené que se hicieran las exploraciones necesarias para conocer a punto cierto los frentes débiles del enemigo, sus dispositivos de combate y colocación y emplazamiento de sus piezas.
“En posesión de los datos anteriores, a las 21:00 horas ordené que las fuerzas, protegidas por las sombras de la noche, hicieran un avance decisivo y envolvente sobre los puestos del enemigo. “ Media hora después quedamos ocupando las anteriores y en poder de la plaza. Con este golpe formidable los federales y cómplices han recibido el tiro de gracia, dejando en manos del Ejército Constitucionalista la importante Comarca Lagunera, estratégico punto en el orden militar. Las crecidas corrientes del río Nazas impidieron a la brigada Juárez cortar la retirada al enemigo, que logró, en vergonzosa fuga, marchar rumbo al Oriente
El enemigo dejó en poder de nuestras fuerzas, los siguientes elementos de guerra:
"11 cañones útiles para el servicio, con dotación de 297 granadas calibre 75 mm, y 86 de 80 mm, correspondientes a la pieza conocida con el nombre de “El Niño”, junto con su carro blindado.
“299 fusiles tipo máuser 7 mm, y 492,800 cartuchos de igual clase y milímetros.
15 ametralladoras en corriente
“39. máquinas de las líneas nacionales y una gran cantidad de furgones, jaulas y plataformas qué se encontraron vacías.
“Las bajas causadas al enemigo fueron:
“282 muertos, orozquistas en su mayor parte, y 109 prisioneros, a quienes en cumplimiento al Decreto que puso en vigor la Ley de 25 de enero de 1862, se Les mandó pasar por las armas.
“55 heridos que fueron internados en el hospital para su curación, pero que quedaron en calidad de prisioneros.
“En nuestras fuerzas hubo que lamentar la muerte de los Capitanes 1 os Blas Flores y Pedro Septién, de la Brigada Francisco Villa. Teniente Coronel Elías Uribe y Capitán 1o José Díaz, de la Brigada Yuríar, y 14 individuos de tropa, así como 42 heridos, entre oficiales y soldados.
“Las plazas de Lerdo y Gómez Palacio quedaron ocupadas por las fuerzas de la Brigada Benito Juárez, al mando del Brigadier Maclovio Herrera.
“Tomada la plaza de Torreón, órdenes oportunas y enérgicas hicieron renacer la confianza en la sociedad, se dieron garantías a las familias y a los ciudadanos pacíficos, no sufriendo alteración alguna el orden, y, por lo tanto, las progresistas y laboriosas ciudades de Torreón Lerdo y Gómez Palacio recuperaron la tranquilidad, entrando de lleno en su actividad mercantil, suspendida por mucho tiempo.
“La toma de estas plazas hará historia entre las operaciones efectuadas en el actual movimiento contra el usurpador Victoriano Huerta, en la que tanto los dignos jefes de brigada, los heroicos y pundonorosos oficiales y sus abnegados y aguerridos soldados, desde el primero hasta el último, se portaron con heroicidad admirable en los combates, con moralidad y cordura en el triunfo, y como subordinados ejemplares a la voz de mando de sus comandantes después de la toma de la plaza, demostrando así, una vez más, su renovado brío por el triunfo de nuestra causa y su amor filial a la Patria, a quien defienden ofreciendo sus nobles holocaustos.
“Adjunto encontrará usted relación de Jefes y Oficiales pertenecientes a cada brigada, que tomaron parte en acción librada de conformidad por lo prescripto para el Servicio de Campañas.
“Al felicitar a usted por el triunfo adquirido y por la gloria de que se han cubierto las armas del ejército Constitucionalista, tengo el honor, mí general, de hacer a usted presentes mi subordinación y respeto.
“Libertad y Constitución.
“El General Jefe de las Operaciones, FranciscoVilla. .
“El Coronel Jefe del Estado Mayor, J. N. Medina
“AL C. Venustiano Carranza,
Jefe Supremo del Ejército Constitucionalista”.


RELACION QUE MANIFIESTA LOS JEFES Y OFI
CIALES DE LAS DIVERSAS BRIGADAS QUE SE
DISTINGUIERON EN EL COMBATE Y TOMA
DE LA PLAZA DE. TORREQN, COAH, EL 29 Y:
30 DE SEPTIEMBRE, Y I/o DE OCTUBRE DE 1913
BRIGADA ZARAGOZA:
Coronel: Víctor Elizondó. Mayores: Felipe Macias, se distinguió en el combate; : Pablo Díaz, se distinguió en el combate; Jesús Almaguer, Alberto J. Durán. Capitanes 1/os: Enrique Rodríguez, Pablo Lo pez, Antonio Orozco, se distinguió en el combate; Margarito Orozco, Raúl Molina, Macario T. Rodríguez, Pablo Pérez, Vicente Arellano, Juan A. Merazo, Natividad Reza y Carlos Ugartechea. Capitanes 2/os:
Emilio Vázquez, Aureliano Ruiz, Emeterio Campos. Luz Sarabia, Lucio Joven y Serafín Labori. Tenientes: Maximino Favela, Jesús Mosiño, Santiago Reza, Antonio Valdés, Fidel Ortiz, Jesús L. Veina y Crescencio Flores. Subtenientes: Manuel Rodríguez y Jesús Maldonado.
Muertos en combate: Capitán 1 o Marcelino Pérez y Subteniente Lorenzo Orta. Heridos: Capitán 1/o Rómulo Castañeda.

FRACCION YURIAR:

Tenientes Coroneles: Elías Uribe, Bernabé Gonzalez, Hilario Rodríguez y Cipriano Fuentes. Mayor:
Luis Aguilar y Castro. Capitanes 1/os: Vicente Orozco, Sabino Martínez, Salvador Fuentes y Julián Machado

BRIGADA FRANCISCO VILLA.

Coroneles: Toribio Ortega y Juan N. Medina. Tenientes Coroneles: Porfirio Órnelas, Tomás Órnelas, Julián Granados, Carlos Almeida, Eleuterio Hermosillo y Anacleto Girón. Mayores: Margarito Gómez, Martiniano Servín Enrique Portillo, Benito Artalejo, Saúl Navarro, Calor Carranza, Crispín Juárez, Porfirio Talamantes y Esprdión Piña. Capitanes 1 os Eduardo H. Marín, Pilar Brito, Victoriano Ávila, Luis O. Soto, Erasmo Jaloma, Manuel Medinaveytia, Manuel
E.Banda, Simón Moncayo, Arcadio Nieto, Rafael San Román, Enrique Santos Coy, D. Nevares, Epitacio Villanueva, Francisco Sáenz, Blas Flores, Pedro Septién, Gabriel Valdivieso, Pondano Torres, Marcelino Juárez, Manuel Ochoa, Cruz Reza, Antonio Aranda, Manuel. Bustamante, Jesús Quiñones, Félix Velarde, Martín López y Mariano Tamés. Capitanes 2/os: Jesús R. Hurtado, Mauro Caraveo, Jorge Ruiz, Anastasio Espinosa, Lucio Escárcega, Miguel Saavedra, Luis González,
Luis Rodríguez, Luis de la Fuente, Dimas Juárez, Tomás Torres, Espiridión Sánchez y Genaro Valdés. Tenientes: Ildefonso Sánchez, Roberto Limón, Ramón Mendoza, Cayetano Gabaldón, Arturo Varda, Darlo W. Silva, Primitivo Uro, Hipólito Villa, Bernardino M Salazar, José de la Luz Vázquez, Dionisio Gómez, Benjamín Gutiérrez, Gerardo Ibarra, Epigenio Leyva, Benigno Quintela, Pablo López, José
M. Lucero, Salvador Falco, Antonio Fabián, Benito Navarro, Félix Basset, Esteban Valarezo, Miguel Porras y Pantaleón Mendias. Subtenientes: Tiburcio Dominguez, Pablo Alvarez, Reynaldo Ornelas, Zenón Mata, Fermín González, Lázaro Morales, Néstor Herrera, Raymundo Quiñones y Candelario Sauceda.

BRIGADA MORELOS:

Coronel: José Rodríguez. Tenientes Coroneles:
Faustino Borunda y José Meza G Mayores: Pablo Siañez, Martiniano Servín y Francisco Reza. Capitanes 1 os Agustín García, José Nevarez, Juan Rodríguez, Nicolás Siañez, Sotero Silva, Patricio Hernández, Hilario Arciniega, Dolores Aranda, Norberto Aranda, Bonifacio Torres y Leandro Hernández. Capitanes 2/os: Francisco Galarza José Rivera, Ladislao Reyes, Locadio Hernández y Julio Días Tenientes: Juan Sánchez, Vicente Martínez, Piedad Armendáriz, Apolonio Nájera, Anastasio Vale, Manuel M. Campo y Gabriel Rubio. Subtenientes: Ignacio Gallardo, Ignacio Villalva y Nazario Medina.

BRIGADA BENITO JUAREZ:

Coronel: Ernesto García. Teniente Coronel: Apolonio Cano. Mayores: Francisco Bujanda, Pedro Sosa; Félix Reyes, Severo Reza. Capitanes 1 /os: Adán Galindo, Melchor Sáenz, Tereso Medina, José Martínez Valles, Hermenegildo Monreal, Emilio Molina, Fran cisco R. Salas, Perfecto del Val, Santiago Cruger y Manuel Orozco. Capitanes 2/os: Delfino de la Garza, Cesáreo G. Gómez, Baltazar Avila, Salomé Mora, Tomás Delgado, Luis Sandoval, Juan M González, Manuel Rojo, Satir González, Damián Acosta, Tomás Quiñones. tenientes: José M. Pedrueza, Federico Muñoz, José Maria Sánchez, Adrián Peña, Gumersindo Gutiérrez Jesús M. Lozoya, Florencio Baylón, León Cantú, Francisco Sosa, José Guerra, Manuel Hernández, Fran cisco Leal, Félix Fraire, herido en el combate; Eduardo Artalejo, Federico Rojas, Pascual Sánchez, José Flores, Región Gutiérrez, Zaragoza Garza, Lorenzo Baca, Fructuoso Meza, Máximo Barraza, Miguel
Rodríguez, Maclovio Montes, José Rodríguez, Mateo Barraza, Domingo Flores, . Crisóforo Maúl, Erasmo Rodríguez, Manuel Pulido, y Jesús García. Subtenientes: Jesús Anaya, Serafín González, Tomás Molina, Arsenio
Sánchez, Marcelino Plata, Valente Míreles, José Inés Montes y Atilano Barrón”.

Posteriormente la brigada Zaragoza quedó integrada de la siguiente. manera:
Jefe de Brigada: General Eugenio Aguirre Benavides; Subjefe: General Raúl Madero; Primer Regimiento: General Felipe Macias; Segundo Regimiento:
Coronel Raúl Molina; Tercer Regimiento: Coronel Lauro Guerra; Cuarto Regimiento: Coronel José Hernández Centeno; Quinto Regimiento: Coronel Lucio Joven; Sexto Regimiento: General Sixto Ugalde; Séptimo Regimiento: General Mariano López Ortiz; Batallón Ignacio Zaragoza: Coronel Enrique Rodríguez; Cuerpo Auxiliar de Exploradores: Coronel Roberto Rivas.

Cada regimiento constaba de 4 escuadrones, y cada escuadrón estaba al mando de un mayor. El número total de plazas en de 500 hombres, aparte de la oficialidad y la plana mayor.
El batallón estaba formado por 4 compañías, y cada compañía al mando de un mayor. El número total de plazas era de 500 hombres, aparte de la oficialidad y la planta mayor

Por su parte, he aquí el informe que rindió el vencido general Murguía a la entonces Secretaria de Guerra y Marina, respecto al combate y toma de Torreón, Coah.
Ejército Federal.-General de Brigada Tengo la honra de ampliar mi parte rendido a esa Superioridad, por la vía telegráfica, con motivo del ataque a Torreón, por los rebeldes, los días 80 del próximo pasado septiembre y 1 o del actual; Permitiéndome antes, por ser del caso, manifestar a Ud. muy respetuosamente, que cumpliendo con su superior orden relativa al conferírseme el mando accidental de la División del Nazas, recibí una guarnición compuesta de 4,000 hombres, que fraccioné después de recuperar Gómez Palacio, Lerdo y San Pedro de las Colonias, de la manen siguiente: 400 hombres en cada uno de estos puntos, 300 con el tren de reparación a cargo del general Ocaranza, destinado a abrir la vía de Comunicación con Monterrey, ordenada por esa Superioridad, y 100 en la Hacienda de Sacramento, quedándome en consecuencia con 2,700 hombres en Torreón. Los rebeldes, no obstante haber sido castiga dos en Gómez Palacio y Lerdo, continuaron activamente su campaña, y a los 8 días de aquel suceso entraron por Bermejillo tres grandes trenes conduciendo bastante gente, que desembarcó en las haciendas de Santa Clara, Noé y El Vergel; pero habiendo destacado oportunamente fuerzas sobre ellos, tuvimos la suerte de derrotarlos en dos distintas ocasiones, haciéndoles bastantes bajas y logrando su reembarque a Bermejillo, quemando ellos el puente de Tlahualilo para no ser alcanzados; sin embargo, dejaron una exploración a lo largo del Tajo, lo que indica que esperaban auxilios en hombres, armas y parque de otras partes,, lo que no se hizo esperar, pues pronto se supo que habla llegado el cabecilla Francisco Villa, con más 2,000 hombres perfectamente armados, montados y municionados, y trayendo pertrechos de guerra para sus compañeros, cuyas gavillas, sin contar con la gente que se les agrega para el saqueo de las poblaciones, resultaban muy superiores a la fuerza con que yo contaba. —Tenía yo sin embargo, la esperanza, y conmigo toda la gente de valer de Torreón, de que los refuerzos de que esa Superioridad se dignó mandar con el general Trucy Aubert, llegarían pronto, pero no se volvieron a tener noticias ni de esos refuerzos ni de la gente del general Ocaranza, a quien, como dije antes, mandé a reparar la vía hacia Hipólito.- Así las cosas, el enemigo continuó sus movimientos el 26 del próximo pasado septiembre, mandando 2,000 hombres que tenía en Mapimí, a la estación Loma, quienes agregados a los que vinieran de Pedriceña, atacarían a Torreón, Lerdo y Gómez Palacio.- Como supuse que el principal ataque seria a Torreón, mandé al general Felipe Alvírez con 550 hombres en observación sobre el camino de Avilés; Pero este Jefe, en combinación de las tropas del general Campa, que tenía yo destacado en Lerdo, precipitó los acontecimientos, comprometiéndose en mi ataque librado en el rancho de Monterrey, de donde fue rechazado con pérdida de 300 hombres, dos piezas de artillería, calibre 75 mm, y pereciendo él mismo con varios de sus oficiales.- El general Campa perdió otro cañón de igual calibre que los anteriores, y relativa mente poca gente, pero el enemigo envalentonado con su triunfo el mismo día 29; fecha en que tuvo lugar este acontecimiento, marchó sobre Lerdo, atacando vigorosamente todo el día y toda la noche; por fortuna, el general Campa, conforme a mis instrucciones, se había posesionado del puente del Tlahualilo, punto muy ventajoso, y con el refuerzo que pude mandarle rechazó al enemigo, el cual volvió al día siguiente para atacar con mayores refuerzos por el punto que lo hizo el día anterior, y por las compuertas que quedan frente a San Carlos, sin lograr detenerlos, pues dada la superioridad numérica logró desbaratar la fuerza que defendía aquel lugar, haciéndola replegarse a Torreón; entonces mandé al general Campa incorporárseme con el resto de su fuerza, pues el enemigo en número considerable y ocultando su marcha, como a las cinco de la tarde, iniciaba su avance a Torreón con dos poderosas columnas, una hacia el cañón del Huarache y otra al cañón de las Fábricas; como con anticipación tenía yo ocupadas las alturas, el enemigo hizo un reconocimiento de ellas habiendo sido batido desde el cerro de La Cruz por una sección de cañones de tipo poderoso impidiéndoles avanzar.- Igual maniobra se ejecutaba con una columna pie penetró por el cañón de las Fábricas, y al mismo tiempo rompieron su fuego los defensores de los cerros de las Calabazas y de la Polvoreda. -El enemigo contestó el fuego y comenzó a escalar las alturas, siendo rechazado por los defensores del cerro de las. Calabazas, no así de los de la Polvoreda, de cuya posición se hizo el enemigo, a la media noche, con pérdidas, para el destacamento nuestro qué constaba de 100 hombres.— Como a las tres de la mañana sabiendo que el cerro de la Polvoreda estaba en poder del enemigo, mandé 50 hombres del 1/er Regimiento y 50 del 18/o Batallón a atacar el flanco del enemigo, y ver si era posible recuperar ese punto, pero fue inútil porque esta fuerza fue también rechazada saliendo herido el Capitán Carreon comandante de la fuerza y el subteniente Rodríguez.-. EI fuego siguió muy nutrido hasta el amanecer, y pudo verse que el enemigo tenía, completamente flanqueada el destacamento del cerro de las Calabazas, compuesto de 200 hombres del 18/o Batallón y del l° y 3 er de Rurales. En ese momento la batería del cerro de la Cruz comenzó su fuego sobre los asaltantes, y no obstante las bajas que se les originaba, llegaron a la parte alta de la posición, copando parte de esa fuerza y retirándose la otra desmoralizada por las pérdidas sufridas, esencialmente por la del jefe del punto, Mayor Manuel Villanueva, la del Cabo 1o Pedro González, y haber sido herido gravemente el jefe de la Infantería, Capitán 1o Esteban Solórzano.- Enseguida el enemigo, posesionado ya de tan importante punto colocó su artillería en la parte más alta y estuvo bombardeando la ciudad y el cerro de la Cruz; al mismo tiempo que esto tenía lugar, intenté un tercer ataque al enemigo en el cerro de la Polvoreda, pues sus fuegos hacían mucho mal a la fuerza del cerro de la Cruz y al efecto, siendo las nueve de la mañana, mandé al general Benjamín Argumedo con 200 hombres de la fuerza a su mando y dos ametralladoras, divididos en dos columnas, una al mando del mismo general y otra al del coronel Narciso Martínez, quienes lograron ponerse frente al enemigo y lo a tacaron, siendo rechazados, pero volviendo nuevamente al ataque se sostuvieron hasta que comenzó la desmoralización por las muchas bajas, la muerte del Coronel Narciso Martínez y por haber sido herido el Teniente Coronel Abundio Rodríguez, el Capitán Jorge Huereca, el Mayor Dolores Sifuentes y los Oficiales de las Ametralladoras, Tenientes Villegas y Roldan.- Me encontraba en el crucero del ferrocarril sobre la calle de Muzquiz cuando vi bajar derrotada a esta fuerza, y a fin de levantarles la moral, los convencí de la necesidad de volver de nuevo cerca del enemigo aunque fuese a la expectativa solamente.- Hice subir también al cerro a todos los individuos de la defensa social que en esos momentos me presentó su Jefe, el Señor Enrique Terrazas.- En todos estos ataques parciales el cerro de la Cruz ayudó con sus fuegos de cañón y de fusilería a llevar a efecto las maniobras ordenadas.- Debo advertir que el mando de la defensa social lo di al señor Teniente Coronel Castaños, quien sucumbió en su puesto de defensa. —EI heroico. Teniente Coronel 18/o Batallón, Antonio Gallardo, que tanto en el sitio anterior como en él ataque de estos días tuvo a su cargo la trinchera que bate el cañón del Huarache, tuvo siempre a raya a los rebeldes; impidiéndoles acercarse a sus posiciones y haciéndoles muchas bajas con su fuego.- Como a las once de la mañana este Jefe me mandó decir que su tropa rendida y hambrienta se había retirado a tomar sus alimentos dejándolo casi solo, entonces, yo personalmente y a toda brida me fui a traer un escuadrón de los del Jefe de Voluntarios de Mapimí, Federico Reyna, que tenía yo de reserva en la Alameda, y como algunos de éstos no quisieran obedecer, me vi obligado a usar con ellos de rigor hasta ponerlos en la línea de fuego.- En la trinchera del Teniente Coronel Gallardo funcionaron dos fusiles Rexer, bajo las órdenes del Subteniente Braulio Torres Ugarte, quien fue herido dos veces.- Los rebeldes, ya en posesión de los principales cerros que dominan la población, comenzaron a causar bastantes bajas con sus fuegos de fusil, quedando todas las ventajas de parte del enemigo. Entretanto, en el cañón de las Fábricas, cuya defensa confié al señor General don Luis G. Anaya, se hacían grandes esfuerzos por evitar el avance de los rebeldes, empleando con toda eficacia sus fuegos de cañón y de fusil, logrando que el enemigo se localizara en las casas de donde contestaba los fuegos.- A medio día, como se notara mucho las fatigas de las tropas, y con ciertos temores de algún fracaso, perfectamente ocultos para que nadie se apercibiera de ello, mandé dar fuego a la existencia de fusiles tipo máuser, nuevos, que se hallaban almacenados.- Por la tarde, el norte de la población comenzó a ser cañoneado desde Gómez Palacio, pero la artillería apostada en la toma del agua apagó sus fuegos.- Entonces se vieron llenos de rebeldes los bordes de los tajos y la margen izquierda del rió siendo batidos toda la tarde por 400 hombres apostados de este lado de los tajos, logrando paralizar el avance del enemigo.- La defensa del cerro de la Cruz, como en el sitio anterior, la tuvo a su cargo hasta el último momento el pundonoroso y valiente Mayor del 9o Batallón, Adrián Arellano, con una guarnición de 200 hombres, que se le reforzaba en los casos más apurados, la defensa de los cerros de La Fe y La Unión se encomendó al capitán 1/o Ángel Pelayo del 6/o Batallón, que desde su respectivos puntos estuvieron batiendo al enemigo, ocultándose en casas, peñas o cualquier otro abrigo, haciendo fuego sin cesar y rechazando los ataques que contra él intentó el enemigo.- Como a las tres de la tarde, el cerro de la Cruz anunció por teléfono el avance de una gruesa columna de caballería enemiga en el Cañón del Huarache y encontrándome en el lugar en que estaba emplazada una pieza de artillería a las órdenes del Capitán Mañón, le ordené avanzar con ella hasta descubrir al enemigo y hacerle fuego, lo que dicho capitán verificó como se le ordenó.- Pero cuando el enemigo se apercibió que ya no se le hacía fuego por haberse agotado las granadas de ese cañón, volvió pie a tierra para ocupar las laderas de los cerros que podían ofrecerles abrigo y de donde no cesaban de hacer fuego a nuestras posiciones.-Como a las tres de la tarde me avisaron del Cuartel General que el enemigo apostado en los tajos al norte de la ciudad aumentaba su personal y la intensidad de sus fuegos, por lo que pasé personalmente a hacerme cargo de la situación, tomando la providencia de aumentar el número de sus defensores.- La tropa, que había combatido bastante, entró en un periodo de indiferencia tal que los oficiales difícilmente lograban hacerse obedecer, y al iniciar el enemigo, como a las ocho de la noche, su último vigoroso ataque, mucha de esa tropa abandonó sin combatir sus puestos de defensa, siendo, según se me informó después, los primeros que tomaron el rumbo de Matamoros.- En estas circunstancias el enemigo ataco de una manera definitiva la guarnición del cerro de la Cruz, en cuyo lugar estaba yo observando los movimientos, y último puesto importante que conservábamos, tomando sus defensores distintas direcciones; Al darme conocimiento de este hecho me puse a la cabeza de una fracción del 5/o Regimiento que constituía mi reserva ordenando antes por teléfono a los diversos Cuarteles que reunieran todas sus tropas y con ellas emprendieran la marcha a la Alameda, adonde yo me dirigía a fin de ver si era posible intentar una vuelta ofensiva contra el enemigo, pero al llegar a dicho lugar, dónde tenía yo la fuerza del Comandante Reyna, Jefe de los Voluntarios de Mapimí supe que ése jefe había encabezado el movimiento de retirada, por disposición del General A. Bravo, quien hacia media hora había salido de su casa en automóvil, rumbo a Matamoros acompañado de don Carlos González vecino de Torreón.- Ya en la Alameda pude rectificar esto al encontrar allí ni a las fuerzas de Reyna; Ni la de otros cuerpos que por ese rumbo estaban dispuestas para combatir al enemigo, caso de que se presentaran por aquellos lugares.- Queriendo dar alcance a la gente que se había marchado, avancé hacia el camino de Matamoros, por donde había multitud de carruajes y automóviles y una columna de 400 españoles que huían de Torreón, por temor a las hazañas de Villa, y entre los que iba revuelta la mayor parte de las tropas de la Guarnición.- Al preguntar a algunas personas lo que significaba aquello, me manifestaron que como el general iba adelante, toda la gente le siguió.
- Pedí informes sobre el paradero de las fuerzas del general Argumedo y se me manifestó que ese Jefe había hecho bajar su gente de los carros, y había tomado el camino llamado del Coyote.- Como la fuerza del General Argumedo era la que contaba con mayor número de gente y éste se había marchado, consideré nuestra situación completamente perdida, pues las fuerzas regulares con un constante combate de dos días seguidos, y con la moral perdida a consecuencia de las muchas pérdidas en vidas, tanto de oficiales como de tropa, se encontraba completamente desmoralizada; Por otra parte para todo el que conozca la posición topográfica dé Torreón y tenga los conocimientos militares debidos, sabe que la llave de esa posición son los cerros que quedan al sur y poniente, y el río y los tajos al norte, y que contando con qué la plaza se encuentra dentro de estas posiciones, Torreón está absolutamente dominado por ellas y por consiguiente cualquier intento de defensa entre las calles es un sacrificio inútil de vidas y yo no contaba más que con 100 hombres organizados; en este concepto y viendo que todo estaba perdido sin culpa por mi parte, tomé la resolución menos mala y seguí esa avalancha de gente a fin de lograr, cuando menos, reunir en algún punto los elementos dispersos, como lo pude verificar en la estación Hornos donde se reunieron como 1,700 hombres de todas las armas; fuerza que después recibió el señor General Trucy Aubert, de orden de esa Superioridad, en estación Hipólito, así como dos cañones de batalla uno de montaña y dos ametralladoras.- Muy respetuosamente me permito manifestar a usted que no acompaño lista del personal que concurrió a los diferentes hechos de armas ya citados, por no tener a la mano los antecedentes respectivos, lo mismo expreso con respecto al parque consumido y relaciones de prisioneros heridos y muertos.- Réstame sólo manifestar a Ud. que todos los jefes y oficiales y la tropa regular se manejaron bien durante el combate, y los últimos mal, en su mayor parte, por haberse desbandado sin obedecer a sus oficiales de lo que resultó que no siguieran a sus Cuarteles, donde deberían encontrarse para disponer de ellos.- Tengo el honor, mi General, de hacer a Ud. presentes mi subordinación y respeto.- Libertad y Constitución, México, once de Octubre de 1913.
E. Munguía—Al C, General de División, Secretario de Guerra y Marina.- Presente
 
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