Combates del día 20 al 24 de 1913.
     
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Combates del día 20 al 24 de 1913.

   
 
Desde hace varios días se tuvieron noticias en ésta, de que las hordas revolucionarias se acercaban con bastante velocidad, dados sus perversos deseos de hacerse en esta de elementos de boca y guerra y al mismo tiempo efectuar sus terribles venganzas con las personas que toda época han condenado sus fechorías. El C. Jefe de la división envió al Sr. General D. Eutiquio Munguía para batir a los rebeldes los que de una manera intempestiva fueron encontrados en la cercanías de la Estación Avilés al instalarse los puestos de avanzada del 18 batallón de infantería y del 32 regimiento de caballería a las ordenes del Sr. Teniente Coronel Antonio Gallardo. Como desde la hora que empezó el combate, el fuego del enemigo era bastante nutrido a la derecha de la vía férrea, por encontrarse este parapetado a las márgenes del río, y en las alturas inmediatas a el; ordenó el General Mungía que fueran batidos dichos puestos con una sección de artillería de montaña a las ordenes del Capitán Luis G. Núñez y que una sección del 32 Regimiento de Caballería, pie a tierra, desalojara a los revolucionarios de sus posiciones, apoyado dicho movimiento por la artillería de montaña y el Cañón NIÑO, manejado con bastante habilidad por el Capitán 2do. Blas Macías.
El Tiroteo de los rebeldes a medida que caminaba el tiempo se iba haciendo más pausado, hasta que a las dos de la tarde los tiros de los cañones y el valor heroico de los soldados habían conseguido que el enemigo del flanco derecho se retirara. Mientras las dianas de los clarines eran repetidas por las enhiestas montañas, el lado izquierdo se cubría de rebeldes formados éstos en cuatro gruesas columnas, los que fueron batidos y rechazados por una sección del 18 Regimiento de Infantería, mandados por el Capitán Baez y por una sección del 5nto Regimiento de Caballería que estaba posesionado de la Hacienda de Avilés con una sección de fusiles Maxen a las ordenes del Teniente Braulio Torres Ugarte. Varias descargas de las ametralladoras bastaron para repeler por completo el ataque del enemigo sobre el flanco izquierdo. El enemigo que había sido retirado del flanco derecho, volvió a coger sus posiciones trabándose entonces un reñido tiroteo y ante el peligro que se avecinaba el General Mungía ordenó que el 14 y 22 Regimientos, marcharan a reforzar al 32 que estaba empeñado en el combate, logrando rechazar a las gruesas columnas rebeldes cerca de las cinco de la tarde.
La tarde lentamente iba muriendo mientras el Sol se ocultaba tras las encumbradas montañas como avergonzando de presencia la lucha fratricida. Los abnegados “juanes” reflejando en sus bronceados rostros la fatiga de la lucha, reunianse en la Hacienda de Avilés por orden del Jefe de la columna que había de antemano dejado al 18 Batallón como avanzada posesionado de las alturas que se hallan como a kilómetro y medio del mencionado pueblo de Avilés.
Las tinieblas nocturnales habían invadido la soledad de los campos y los rebeldes continuaban disparando sus proyectiles contra los soldados leales, con el objeto de recoger sus muertos y heridos que en número considerable se encontraban tirados en el campo.
Imposible seria para el que narra estos acontecimientos, decir de una manera verídica las bajas causadas a los revolucionarios por serle difícil acercarse a la verdad: y habiendo recogido los datos de varios soldados federales solo anota: combate del día 20 en el 32 Regimiento el valiente trompeta Miguel Andrade. En el 18 Batallón, cuatro soldados y en el 21 Batallón un soldado muerto los que fueron recogidos por el tren que salió de esta y traídos para darle sepultura.
La sección de las ametralladoras estuvo a las ordenes del Capitán Félix. S. Morales.
Las fuerzas que combatió este día fueron 500 federales contra mas de 2,000 revolucionarios a las ordenes de Urbina y Pereyra.
Día 21
Segundo combate entre Avilés y Loma.
Las fuerzas que a las ordenes del General Munguía tomó parte en el combate del día anterior, llevaba apenas 500 hombres; y notando que el enemigo pasaba de 2 a 3,000 hombres lo cual puso dicho General en conocimiento de la superioridad, quien se sirvió reforzar la columna de dicho General Munguía con una batería de 75 milímetros S. Kuinte, a las ordenes del Capitán 1° José Gálvez y 300 rurales de los cuerpos 1° y 3ro a las ordenes del Mayor Manuel Vallanueva y 200 zapadores.
El enemigo que durante dicho combate había sido desalojado de sus posiciones, durante la noche; en mayor número volvía a cubrirlas y a las 6.30 de la mañana el Sr. General Munguía con los 300 Rurales y la fracción del 32 Regimiento salieron a desalojarlos lo cual consiguieron las fuerzas leales después de un combate muy reñido de los rebeldes dichas fuerzas dueñas de las posiciones del enemigo; a continuación el Sr. General Munguía dispuso que el tren explorador avanzara hasta ponerse a la altura de las posiciones que ocupaba el 18 Batallón de Infantería y la batería del capitán Galavíz dejando en las alturas una fracción del 18 Batallón con una sección de montaña a las ordenes del Capitán Báez con orden de proteger el avance del tren explorador y la Batería Conecty.
En el poblado que se encuentra a las alturas donde estaba una parte del 18 batallón, se estableció la batería del Capitán Galavíz, rompiendo el fuego sobre los latrofacciones que se hallaban como a 200 metros posesionados de las cumbres.
El fuego nutrido de la artillería duró por espacio de treinta minutos, logrando las fuerzas del gobierno que las hordas de rebeldes abandonaran sus posesiones, venciendo desde luego el tren explorador y las baterías. Hasta 1,000 metros de distancia de los revolucionarios. Una vez alejados de las posesiones por la artillería y ya iniciado el avance, continuó el fuego pues los revolucionarios aparecían en mayor número coronando todas las alturas y esparciéndose también en las faldas de las montañas cubiertas de espesos chaparrales. En esta ocasión el General Munguía ordenó que dos secciones de infantes compuestas por Zapadores, 18 y 21, formando todos una sola sección, avanzaran sobre el enemigo obligándolo a marchar precipitadamente de las orillas de los cerros; pero como el enemigo continuaba propietario de las alturas, no obstante del recio cañoneo efectuado por El Niño y la batería de Galavíz con el fin de descubrirlo, ordenó el General en Jefe de la Columna que el Capitán Carro con 100 hombres del 5to de caballería efectuara un movimiento por el flanco izquierdo, para que la labor de la artillería fuera más eficaz, siendo recibido el Capitán Carro y los suyos por un fuego intensísimo habiendo sido obligados a replegarse con el grueso de la columna, en estos difíciles y críticos momentos fue cuando la columna de los revoltosos comenzaron a recibir considerables refuerzos lo que fue fácil de comprender, por la gran cantidad de humo despedido por las máquinas acabadas de llegar al lado enemigo.
Los rebeldes en estas condiciones avanzaron resueltamente sobre las fuerzas leales no pudieron resistir el avance a pesar de todos los esfuerzos sobre humanos de la federación: pues se calcula de seis mil a seis mil quinientos el número de rebeldes, por lo que el General Munguía se vio en la imperiosa necesidad de mandar que sus fuerzas se batieran en retirada hacia Avilés, posesionándose del referido pueblo donde se hizo fuerte, para recoger en su retirada todos los heridos y muertos y mandarlos a esta ciudad.
Cerca de las seis de la tarde del campamento federal pudo divisarse una gruesa columna de caballería de dos a tres mil hombres que llevando el rumbo de San Isidro, se comprende que se dirigía a Ciudad Lerdo, Durango, por lo que el General Munguía dispuso que la batería Conecty, a las ordenes del Capitán Galavíz hicieran fuego de ráfaga sobre las tropas enemigas, siendo tan certera la puntería y de tan magnífico efecto, que los rebeldes fueron dispersados, por lo que no pudieron llegar a su destino tan pronto como lo deseaban.
No obstante la superioridad numérica del enemigo; jefes oficiales y tropa se defendieron con un valor inaudito, no desmayando un solo momento en los instantes de mayor peligro.
El pasado echo de armas, que sin duda vivirá por mucho tiempo en las mentes de los que a él concurrieron, honrará más tarde al Coronel Antonio Gallardo al Capitán 1ro J. Loreto Howell, Capitán 2do R.B. Macías, Capitán 1ro Miguel Báez y la oficialidad y tropa del 15 de caballería.
Pasada la noche, el General Munguía, ordenó que se estableciera el servicio de avanzadas para repeler cualquier ataque del enemigo y a las cuatro de la mañana, emprendieron las fuerzas leales, el regreso para esta plaza.
El número de bajas, en este combate, lo cual pudimos luego comprobar recurriendo a los cuarteles y servicio sanitario: Capitán 1ro del 5to Regimiento Jacinto Carro y ocho de tropa de distintos cuerpos. Heridos: Coronel Pedro Álvarez, tres oficiales y 28 de tropa y algunos caballos y mulas muertos.
Las bajas echas al enemigo, se supone fueron en número muy considerable, por las proporciones que logró tener el fuego de la fusilería y el cañón Niño.
Como dato importante es curioso anotar que las fuerzas del gobierno consumieron durante los dos días de lucha 1,000 granadas de cañón y 2,000,000 cartuchos.
Llegada la columna Munguía a Torreón recibió ordenes del General en Jefe de la División que se reconcentrase en la plaza, con el exclusivo objeto de reforzar la guarnición para atacar al enemigo que con pasos agigantados se acercaba.
Día 22
DECENA TRAGICA EN TORREÓN.
Desde antes del medio día comenzaron a instalarse en esta ciudad las familias de Ciudad Lerdo y Gómez Palacio que venían huyendo de los atropellos inauditos que los revolucionarios comenzaban a cometer en las dos vecinas poblaciones.
El Gobernador Lozoya, dictó sus ordenes oportunas a fin de que la policía duranguense se viniera a refugiar en Torreón, y con bastante acierto el mismo señor Gobernador trajo a este rico pedazo de Coahuila prisión de la cárcel de Ciudad de Lerdo, para evitar que los rebeldes dirán la calle a un sin número de criminales que estaban recluidos desde mucho tiempo antes. Mientras llegaban los carros eléctricos pletóricos de gentes, la confusión y el miedo se cernían en todo su esplendor entre muchos habitantes y escuchaban sé de boca en boca versiones que no pasaban de ser inventos de los pesimistas para alarmar al vulgo. De un instante a otro se esperaba se esperaba que se nos atacase y en el general desorden que se suscitó a las dos de la tarde en la Av. Hidalgo con precipitado correr de los viandantes, oímos el primer sonoro toque de combate que nos anunciaba la llegada de las tropas rebeldes.
Toda clase de comercio cerraron sus puertas, mientras los curiosos se instalaban en los balcones y terrazas de los hoteles dejando ver medio rostro y en el momento cruzar de calles por las fuerzas del gobierno y soldados leales agregados a la federación esperábamos que la tormenta estallara con la majestad monstruo que anunciaba.
El Cerro de la Cruz que en un futuro no muy lejano lo verán nuestros descendientes con un respeto sacro, como histórico que se ha hecho desde 1910, comenzó a vomitar sus cañones rugientes y retumbantes, inter los soldados de los regimientos 18° y 4° defendían las posiciones del gobierno con un estoicismo muy propio de nuestro linaje azteca. Poco después un gran número de los tan renombrados Zapadores entraba a la contienda y, a la luz del día que lentamente se iba extinguiendo, las detonaciones oídas repercutían en nuestros corazones, como golpes dados a una caja de muerto . Que triste es presenciar la muerte del dios sol, cuando se está en peligro, no nos preocupaba un ápice las tinieblas nocturnales, sentíamos en nuestras almas otras neblinas más brumosas y espectrales, con la pasada de los carros ambulantes del servicio sanitario, conduciendo heridos, hermanos nuestros.
La noche caía y el enemigo con esa terquedad que siempre ha mostrado, seguía disparando sus innumeras bocas de fuego en su intento por ingresar al centro de la ciudad. Donde de fijo encontraría muchas tiendas para llenar los carros que de antemano traían, al gobiernista digno y muy digno de fusilar y exhibirlo a las turbas, según se lo mandaba el corazón en sus venganzas o la virgen inocente que arrancada a la viva fuerza del hogar, cumpliría los deseos de su negra y maldita concupiscencia brutal.
El noble Capitán Blas Macias, hacía constantemente disparar al cañón “Niño” el que hizo en cada vez retroceder a los revolucionarios y hay necesariamente confesar que si los revolucionarios- nuestros hermanos- seguían con arrojo su intento patrocinados quizá por la sugestión de sus cabecillas, los leales perseguían con no menos temeridad, mandados solo por su patriotismo y por el fiel cumplimiento del deber.
Si el Domingo 20 por la noche se miraba con gran respeto la llegada de los heridos en la Loma esto no pasaba de marcar al ánimo cierta obsesión que nunca pudo compararse con el pánico acerbo que nos causó el día 22 a la entrada luctuosa de los “Juanes” mutilados por las implacables balas fratricidas.
El corneta Miguel Andrade perteneciente al 22 regimiento y conocido Capitán Carro, fueron las primeras víctimas del día, principio de la Decena Trágica. Estos soldados, que siempre hicieron patente su estoicismo y serenidad en el combate, murieron como buenos al golpe de las balas enemigas, pero pusieron el ejemplo a los que quedaban combatiendo en las posiciones fijadas de antemano.
Mi General Alvirez y el General Emilio Campa, dirigiendo la defensa en las fortificaciones de la estación ferrocarrilera, se portaron como unos héroes en los momentos de mayor peligro y era de verse a ambos servidores de la Patria cruzar las zonas del fuego dictando ordenes de acuerdo con el cuartel general.
Ese mismo día llegó e este general Benjamín Argumedo, el que con gran arrojo pasó por Gómez Palacio lugar ocupado por los rebeldes, Argumedo venía de San Pedro Coah. Al llamado del cuartel general. Durante la noche siguió el tiroteo alrededor del cerro de la Cruz, no empezando el 2do ataque hasta la madrugada del día 23.
Dia 23
La bellísima aurora de este día no pudo estar menos sentida con los habitantes de Torreón, por haber sido saludada no con las alegrías de costumbre, sino con cierto enfado y profundísima tristeza, causado este cambio con el natural insomnio que dio a todos los rostros apariencias de enfermizos y convalecientes,
¿Quién iba a entregarse de lleno en brazos del dios sueño, si un día antes pudo decirse que se nos colocó en capilla?
A las tres de la mañana de este día comenzaron los rebeldes su ataque; y, en el nutrido tiroteo de ambos contendientes, iba entrando la ciudad al reinado de la luz, mientras los que deseaban hospitalidad se posesionaban de todas las montañas que en su mutismo parecen como custodia de esta joven ciudad de efervescencias y libertades. Al fin el gobierno triunfó este día y la esperanza que siempre finaliza al último en esta pícara vida, nos acompañaba, con los deseos intensos que reclamaban nuestros seres martirizados con la tranquilidad que despiadadamente se nos vino a arrebatar.
Las mercancías, que desde la falta de comunicaciones se vendían excesivamente caras, no obstante la intervención de las
Autoridades, conseguíanse en este solemne día a un triple precio pagado además por poseerlas una moneda extra que se cifraba en el peligro de atravesar las calles con el riesgo de ser acariciado por las cápsulas de plomo o acero que ya empezaban desde un día antes a causar sus tragedias.
No bastaría centenares de tomos para narrar los sucesos acaecidos en la localidad.
El escritor, al pasar al papel los acontecimientos es interrumpido por una ola macabra de recuerdos que le atrofian el cerebro; enturbia su imaginación y sigue de frente, comparando los pasados días en lo negro de la tinta.....!
Los revolucionarios, posesionados de las montañas que nos rodean, son quitados por los valientes soldados del General Argumedo y en ese mismo día fue cuando haciendo alarde de un arrojo animal, intentan ocultarse en los jacales de los barrios La Unión y La Fé, pero los leales con el apoyo mayúsculo de las máquinas de fuego los obligan a huir hacia el otro lado de las montañas, costando esta defensa muchos heridos no solo a los gobiernistas sino también a un sin número de familias pacificas.
Los miembros de la defensa siguen con más valor prestando sus servicios y, aunque no entraron al combate con ahínco, cumplían las comisiones que se les encomendaban como fueron; recoger ensillados de los particulares, decomisar por los medios posibles todas las armas de los revolucionarios de adentro y catear las casa donde se tenían sospechas que hubiera enemigos. Un sujeto de apellido Alejandro, que fue corneta del extinto Sr. Madero, desde hacía mucho tiempo trabajaba tácticamente por prestar su contingente a los rebeldes y como no se le llegara nunca la oportunidad y vivir en Torreón sin dinero es pésimo, recurrió a última hora a trabajar como policía en cuyo servicio estaba quizá para ser espía más que guardián del orden, cuando el vino le aconsejó fabricar bombas explosivas para tirarlas en la comandancia. Sus deseos fracasaron por que a las primeras dos bombas fue capturado y pasado por las armas en la Alameda de Torreón.
El Coronel Maderista Sixto Ugalde con una partida de adeptos en número de 40 acompañado del revolucionario Manuel Ramírez, intenta destrozar a la gente de Federico Reina por las cercanías de la Hacienda de la Granja, lugar que andaba explorando Reina, habiendo capturado a 10 rebeldes los que puestos a las ordenes del general Munguía, este los pasó a las armas.
La clase proletaria que solo ansía la ocasión para pregonar por doquiera mientras, hizo circular la garrafal nueva de que los carrancistas se habían apoderado de un cañón.
Esta versión nació de que efectivamente los revolucionarios intentaron sorprender a los artilleros del Cerro de la Cruz, pero estos que todo el tiempo estaban listos, supieron rechazar al enemigo causándoles grandes bajas en sus filas.
Los federales tenían dos fuegos; uno en las goteras de la población y el otro, el más peligroso; en las habitaciones particulares de donde brotaban proyectiles al paso de los soldados ó miembros de la Defensa. Fue cuando se sorprendió al mozo del Sr. Don Carlos Herrera en los momentos que iban a disparar sobre los soldados que ocupaban los fortines del Cerro de la Cruz y, aseguran varios sujetos, que según la posición ocupada por el referido mozo, fue el que causó la herida del Capitán Macías comandante de artillería.
Dia 24
Desgraciadamente las noches de la funesta semana que narra este folleto, estuvieron bastante obscuras mas, a pesar de las tinieblas brumosas, a pesar de lo difícil y peligroso para los federales, la madrugada de este día pelearon como unos titanes, para desalojar a las chusmas rebeldes que ya casi se habían posesionado del Cerro de la Cruz y hasta llegaron a coger uno de los cañones rellenándole la boca de piedras y basura, para haber si lograban inutilizarlo. En días pasados, fuimos al mencionado cerro, con el objeto de enterarnos con nuestros propios ojos de los fortines y fuerza que lo ocupaban así como para gestionar algunos datos dignos de figurar en este libro. Que hermoso sería dedicarle todo un artículo y pintar con los más vívidos colores todo lo patético y original que esta posición distinguida tiene. Ahí fue donde los Zapadores comenzaron la lucha en un terreno extraño; ahí fue donde el Batallón del 4t° inició sus ataques bien certeros para proteger la columna del General Argumedo en su paso de San Pedro a esta, y fue también ahí donde estando todo el peligro la noche del día 23, los revolucionarios y los soldados leales, lucharon cuerpo a cuerpo, como dignos unos y otros de la raza de Cuahutemoc.
Mientras los soldados de las demás fortificaciones estaban en sus puestos, protegiendo con su valor y heroísmo a los leales que peleaban en los otros fortines, los soldados del Cuarto lamentaban la dispersión de algunos soldados que aprovechando la confusión largaban sé a formar parte de los rebeldes, que en mala hora nos han robado la calma y tranquilidad.
Una nota muy curiosa anotamos del 4t° batallón. Los individuos que forman en su mayoría a este cuerpo pertenecen a la cárcel de Belén, y aún sin embargo portaronse con bastante arrojo y hasta la fecha han conservado su subordinación. Durante el resto de este día los disparos del enemigo siguieron sucediéndose sin interrupción, los federales, no hacían fuego, o más bien dicho, no desperdiciaban su parque a menos de n ver al enemigo que presentaba todo el cuerpo. Para que gastar decía mi amigo el Capitán Santillán de los Cazadores del Nazas, si se lanzan los balazos un enemigo invisible?. Y a fé que es cierto: los revolucionarios todo el día hacían fuego mientras las fuerzas leales esperaban el momento oportuno de presentarse como gobiernistas y con buenos cumpliendo con su deber.
La ciudad seguía en su lamentable crisis, solo mirabanse cruzar las calles a los soldados federales y auxiliares, a los curiosos que caminaban olvidando el peligro y muchos que obligados por la carestía de mercancías, salían a caza de ellas, recibiendo heridas, como premio a su temeridad forzosa.
La Defensa Social siguió durante este día practicando aprehensiones y quitando armas y el estridente “quien vive” oíase repercutir en la soledad de la ciudad encantada.
Maldita sea la hora en que se sugestionó al pueblo con promesas y se enseñó al hermano a lacerar al hermano. Yo que en mi instinto observador, he palpado todos los rigores de la guerra fraticida, lanzo mi anatema de muerte a los que de una manera hipócrita arrebatan implacables, la sublimidad y hermosura del hogar.
 
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