Combates del día 25 al 31 de 1913.
     
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Combates del día 25 al 31 de 1913.

   
 
Dia 25
Los rebeldes, no sabemos si por mandato de sus jefes o por que ésta sea una añeja costumbre, comenzaban siempre su tiroteo a las tres de la madrugada: y más posible es que aprovechaban la noche para bajarse a las montañas que nos rodean y de esta manera coger posiciones tras las peñas. Las barriadas de La Constancia que como sabenlos habitantes de Torreón, están situadas en el cañón del Huarache, era sin ningún genero de duda los puntos más estratégicos para los revolucionarios y con la ayuda incondicional de la gente ignorante que ahí habita. Lograban algunas veces internarse en los jacales para, estar haciendo fuego de una manera cobarde a los soldados leales que en todo tiempo presentaban el cuerpo. El C, Jefe de la División, en su celo por extinguir en la Comarca la Revolución, ordenó a los artilleros del Cerro de la Cruz que hicieran fuego sobre los jacales que desde el comienzo del ataque los rebeldes los habían trocado en cínicas madrigueras de bandidos que solo esperaban el momento llegado para el SAQUEO.
Por que los rebeldes no fueron perseguidos? Lo ignoran hasta los mismos jefes de la federación y solo se sabe la causa el ameritado jefe de la zona, Los Generales Ocaranza y Alvírez, pidiendo al Sr. Bravo autorización para perseguir a los rebeldes para que fuera el triunfo más efectivo, pero el Sr. General se negó a permitir los deseos de los referidos Generales, por no interrumpir su plan de campaña.
Las barriadas de la Constancia, la Fé y San Joaquín fueron destruidas y la estrategia del enemigo diezmada. La embriaguez revolucionaria moría ante el número de sus derrotas y nosotros, los habitantes pacíficos veíamos él termino de la guerra en el estoicismo inaudito de los leales. Noticias de Gómez Palacio y Lerdo, imposibles de obtener; grabándose solamente en nuestras mentes las versiones fatídicas del vulgo, amigo de amedentrar a los incautos.
Convencidos los jefes federales que los revolucionarios pretendían a toda costa entrar por el Cañón del Huarache para apoderarse del Cerro de la Cruz y del Cuartel de la Alianza donde se encontraba alojado el 5t° de caballería y almacenada gran parte de los pertrechos de guerra pertenecientes a la División del Nazas; Por acuerdo del General Munguía se establecieron a unos 800 metros de la fábrica de Ladrillos que está en las faldas del Cerro del Huarache y sobre las vías del ferrocarril Central, una trinchera de frente con costales llenos de tierra y cubriendo el flanco izquierdo una línea de carros de carga y caja, haciéndose en el lugar que quedó a las alturas de las trincheras, dos aspilleras por su frente y dos a la izquierda a fin de utilizar con mayor resultado tres fusiles ametralladoras Maxem, quedando al cuidado de estas potente máquinas guerreras, el Sr. Teniente del 5t° Braulio Torres Ugarte, ayudado por tropas del mismo cuerpo. Esta obra tuvo por objeto batir al Cañón del Huarache por la vía que va a Durango, y que la conduce a la vecina población de Gómez Palacio.
El servicio de vigilancia en todo este lado se hizo con mayores precauciones que en los pasados días, quedando una línea de tiradores pecho a tierra cubierta por los referidos carros, estableciéndose las fuerzas siguientes; 21 individuos de tropa del 23 Batallón al cargo del Teniente Santa María, 75 Zapadores a las ordenes del Capitán Melo y 80 soldados del 5° Batallón al mando del Capitán Silva Sánchez. Esta misma obra de defensa sirvió para proteger el Cerro de la Cruz, en caso de que el enemigo intentara avanzar por el lado sur.
En el crucero de los ferrocarriles continuó emplazada la batería Canet, con un sostén de la fuerza de Zapadores perfectamente cubierta con trincheras de costales llenos de tierra. En el Cerro del Torreón Azul continuó el Capitán Solórzano, y en el otro punto a una distancia de 7000 metros se estableció un pequeño puesto de avanzado. A las 7 de la noche, con el fin de desalojar a unos grupos rebeldes que estaban en algunas casa al poniente de la barriada, La Constancia, y para destruir el jacalerío que quedaba en pié; Un cañón de montaña hizo varios disparos con granada torpedo, resultando en la habilidad del Capitán Núñez quien manejaba el cañón el silencio de los revolucionarios. Durante el resto del día, hubo algunos tiroteos sin importancia y uno bastante intenso cerca de las 11 de la noche.
En este combate resultó herido el Capitán 1ro del 18 Batallón Manuel Baez y algunos muertos y heridos de la tropa. En nuestro Artículo labor de la Cruz Militar, daremos nota exacta de los muertos y heridos durante toda la decena.
Día 26
A las dos de la madrugada el fuego del enemigo comenzó bastante nutrido sin que pudieran las hordas rebeldes avanzar un ápice, pues el tiroteo de la artillería bastante bien dirigido, obligó a los pocos minutos que los rebeldes se retiraran, no sin sufrir algunas perdidas en sus filas. La federación, conservó el mismo servicio de vigilancia del día anterior por el buen resultado que este dio, siendo reelevada la fuerza de Zapadores establecida en las líneas de tiradores de los carros por tres oficiales, setenta y cinco de tropa del 32 Regimiento a las ordenes del Teniente Campos.
Como los rebeldes molestaban con su fuego a las tropas del gobierno por ocupar algunas posiciones, las trincheras fueron aumentadas en su altura y reforzados los parapetos tanto del Cerro de la Cruz como de los otros lugares que servían de posiciones a las fuerzas leales. Los Señores Generales Alvírez y Munguía, que desde el principio de la defensa de la plaza mostraron sus grandes conocimientos militares, ordenaron por la noche que fueran destruidas las vías del Ferrocarril Internacional a Durango, y la del Ferrocarril Central que conduce a Gómez Palacio, enviando por la primera vía tres carros en volante para que quedaran a una distancia conveniente de los atrincheramientos y sirvieran de obstáculo, pues se temía que los rebeldes lanzaran alguna máquina loca o carros con explosivos que causara para causar no tantos daños, sino confusión entre las filas de la fuerza gobiernista. Por la vía del Central, a 200 metros de la trinchera que tenía a su cargo el valiente Teniente Coronel Antonio Gallardo, se colocaron desviadores y se levantó el “Sapo” del cambio que existe cerca de las fábricas de ladrillos arsénicos.
Día 27
Durante todas las horas de este día los revolucionarios no intentaron ningún movimiento sobre los puestos de la defensa de los soldados leales, pero desde los fortines improvisados que los rebeldes poseían, estuvieron hospitalizando a la federación, teniéndose con toda oportunidad la noticia de que los rebeldes preparaban un ataque, y que al grito de Viva Argumedo, se lanzarían resueltamente sobre las fortificaciones de los federales, favorecidos en su intento por la densa oscuridad y la lluvia pertinaz que caía.
Efectivamente a la hora indicada, los rebeldes comenzaron a introducirse por el caserío del cañón del Huarache y con una temerosidad asombrosa, avanzaban hacia la población cuando fue notada su presencia y fueron recibidos por un nutrido fuego de fusilería y algunos disparos de cañón, siendo rechazados con un gran número de bajas que se encontraron después tiradas en el campo, junto, con algunas bombas de dinamita que el enemigo abandonó en su fuga.
Día 28
Durante el día no ocurrieron ningunos incidentes notables, estando ambos contendientes en sus posiciones. Como gran cantidad de rebeldes intentaron ocultarse en el interior de las casas de la barriada de San Joaquín y otros en los jacales del barrio del Huarache, se envió un cañón de montaña a la trinchera que ocupaba el Teniente Coronel Gallardo, con el fin de que hiciera algunos disparos con granada torpedo y los que fueron de muy buen efecto, pues los rebeldes fueron obligados a abandonar las casas y puestos que habían ocupado.
En la noche los revolucionarios desearon probablemente asaltar las trincheras del Cerro de la Cruz, lo cual se evitó con el fuego rápido de las secciones de las ametralladoras de Zapadores, dirigidas por el Teniente Espiridión Carmona, obligando a los rebeldes a replegarse a sus posiciones,
Día 29
A las primeras horas de la mañana, una considerable fuerza de rebeldes logró penetrar por la Metalúrgica, habiendo salido a batirlos los soldados irregulares del General Benjamín Argumedo y los del Coronel Federico Reina, mandados por el cuartel general. Con toda rapidez y en un automóvil de la columna Alvírez, se le envió parque que necesitaban y se protegió el avance de las referidas fuerzas sobre los revolucionarios que ocupaban los cerros, con una batería Canet. El Capitán Solórzano, posesionado del Torreón Azul, contribuyó con sus fuegos a batir a los rebeldes, que habían logrado desalojar a una fracción de la Brigada Argumedo, de un puesto avanzado en un cerro frente a la Vencedora, siendo recuperado por la misma fuerza. En estos mismos instantes un grupo de rebeldes hacían fuego desde el Cerro de Santa Rosa en el puesto avanzado del panteón. Ya caída la tarde se vio avanzar una gran columna de revolucionarios, los que tomaron posesiones de los Cerros que se encuentran al Sur del Cañón del Huarache los que sin duda se preparaban a batir a los federales, por lo que el Jefe de la Plaza General Munguía, mandó que se redoblara la vigilancia y mandó a la poca fuerza que tenía de reserva, que estuviera lista para el caso que se llegara a ofrecer.
En las primeras horas de la noche hubo una completa calma sin duda para ocultar los rebeldes su avance oyéndose de vez en cuando las detonaciones de bombas infernales lanzadas con tubos de fierro unas y otras con bombas de mano.
Día 30
Una detonación mounstro sembró el pánico entre los habitantes de la localidad a la una y treinta minutos de la madrugada causando el estruendo gran confusión en las familias pacíficas. Otro día las primeras pesquisas del que escribe estas líneas, fueron saber la verdad y pude enterarme que los rebeldes habían mandado por la vía del Internacional a Durango, un carro con cargado con bastante dinamita el que hizo explosión al chocar con los carros que con anterioridad se habían colocado en los lugares que se mencionan en uno de los pasados artículos, no causando ningún daño a los soldados del gobierno. Al mismo tiempo, por la vía de Gómez Palacio avanzaba un tren hasta llegar a un punto que está en un ángulo muerto, donde desembarcó bastante gente rebelde la que fue recibida por un fuego nutrido que mandó hacer el Teniente Coronel Antonio Gallardo con su fusilería y ametralladoras, sin que las máquinas de fuego lograsen impedir la llegada del refuerzo al enemigo. Los Rebeldes en un número que es imposible calcular, emprendieron un furioso ataque sobre las posiciones federales los que con toda energía y valor contestaron el fuego no obstante que luchaban con un enemigo invisible, que además de fusilería, arrojaban en gran cantidad bombas de dinamita.
No aparecía del todo la luz del nuevo día, cuando los rebeldes coronaban todos los cerros, desalojando del cerro de la Constancia a un puesto avanzado de Zapadores a las ordenes del Capitán Solórzano que murió en ese mismo combate. Los Rebeldes recibían constantemente refuerzos y tan pronto como vino la claridad del sol, atacaron con inaudita furia, habiendo logrado los rebeldes bajar a las barriadas de la Unión y la Fé, siendo desalojados cerca de la una de la tarde, perdiendo los revoltosos en este último esfuerzo por ingresar a ésta, muchas vidas.
En este memorable día, no se borrará de muchas gentes, por ser el mismo en el que se privó de la vida a un hombre lleno de juventud y virilidades de patriotismo y heroicidad que supo ser honorable en la milicia en su hogar y en los círculos de amigos, donde quedaron grabados sus amabilidades. Me refiero al mayor de Ingenieros Emilio González, Jefe del Estado Mayor de la División.
Por el Cañón de la Polvorera penetraron también gran cantidad de rebeldes montados y a pie, parte de éstos reforzaban a los de San Joaquín y parte de los de la Constancia, otros entraban por el Guarache con el objeto de llevar a sus compañeros municiones para continuar el ataque y además para recoger muertos y heridos, dejando en su fuga a muchos de los primeros. El puesto del Torreón Azul, a las ordenes del Capitán Solórzano estaba constantemente amenazado por ser batido por dos fuegos, tanto por los rebeldes que pretendían ingresar a la ciudad por los cerros de la Constancia, como por los que estaban posesionados de la Unión y casas adyacentes. A las cinco de la mañana fue mandado reforzar el sector de la sección Munguía por una fracción de Zapadores a las ordenes del Teniente Rincón y otra a las ordenes del Capitán Pelayo, en estas condiciones los federales pudieron rechazar a los rebeldes que en tres ocasiones intentaron quitar a las fuerzas leales de sus posiciones.
Los rebeldes que intentaron por el lado del Huarache, fueron batidos desde las cinco de la mañana por un cañón de montaña que el General Munguia envió con toda oportunidad a la trinchera del Teniente Coronel Antonio Gallardo, posición a donde se acercaron los rebeldes como a cincuenta metros, siendo batidos con gran heroicidad, distinguiéndose el Cabo del 18 Batallón Luis López quien dio muerte a un revolucionario que portaba una bandera, para apoderarse de ella. Mientras esto sucedía en las referidas posiciones, el Gral. Argumedo y Reina se batían por el rumbo de la Metalúrgica, haciendo hecho huir a los rebeldes, que se habían apoderado de los mismos cerros del día anterior.
Una fracción del 5to. Regimiento que se encontraba en el corral de la empacadora,
avisó al Gral. Munguia la presencia del enemigo, estos heroicos «Juanes» que no pasaban de 25 soldados de tropa, hicieron aspilleras en las tapias de dicho corral para
batir a los rebeldes y con bastante arrojo supieron detenerlo hasta que 100 Zapadores fueron, en su ayuda, disparando algunas granadas de la batería Canet, logrando por completo rechazarlo; prestó su contingente con toda eficacia la fuerza que desembarcó del tren explorador a las ordenes de su Jefe el Teniente: ;.Coronel Eugenio Escobar, así como el Capitán Macías con varios disparos que hizo con El Niño y la sección de ametralladoras a las órdenes del Capitán Morales.
Para recuperar el cerro de la Constancia, salió el Teniente Rincón, con una sección de Zapadores, pero fue obligado a retirarse, pues el número de rebeldes era considerable, y estaba perfectamente afortinado. Enseguida se envió al Capitán Meló con fuerza bastante y al Sub-Teniente Vega con fuerza del 5to Regimiento amparando este nuevo plan de campaña la artillería del Cerro dé la Cruz. La precisión de las granadas lanzadas al núcleo rebelde hicieron que se desmoralizara y perdieran las posiciones, dejando en su precipitada fuga más de treinta cadáveres. La fuerza del Gral. Argumedo, protegida por la Batería, Canet, terminó por rechazar a los revolucionarios, quedando todos los cerros y puntos dominantes en poder de las fuerzas del Gobierno.
El Capitán Gonzalo Moctezuma, fue mandado como avanzada por el lado del Panteón, siendo sorprendido por otra partida de rebeldes, y después de varias horas dé combate, con varios disparos de los cañones, logró hacer huir en escandalosa desbandada a los rebeldes. A las doce y minutos, los rebeldes se retiraban por completó, después de más de 11 oras de combate reñido, En este combate, la federación tuvo que lamentar la muerte del Capitán Ayala, Teniente Solórzano y Sub Teniente Cantó, el primero del 32 Regimiento y los últimos del Batallón de Zapadores, la del Mayor de Ingenieros Emilio González que acompañaba al Gral. Bravo y que fue herido al recorrer la estación Ferrocarrilera, cuándo los rebeldes se encontraban posesionados de la Unión, Las bajas de la tropa, que fueron algunas, se expresan en uno de los artículos siguientes. En el resto del día se estuvieron escuchando algunos disparos, hechos probable mente por enemigos que quedaron dispersos.
Día 31
Los rebeldes se retiraron por completo siendo ocupado el cerro, de Calabazas por los federales, los que hicieron también huir a lo contrarios del cañón del Huaráche retirándose rumbo a S. Carlos.
A las 12 y 35, del cerro de la Cruz, los artilleros hicieron tres disparos de Cañón, con la dirección a donde se dirigían las hordas rebeldes y se aprovechó la oportunidad para efectuar otros tiros de Cañón a un tren que llegaba con el objeto de recoger a los vencidos, el que fue incendiado por las granadas torpedo que arrojaron los federales. El día 1ro la ciudad entraba a una nueva era de tranquilidad mostrado esto con la presencia de gente que atravesaba las calles no temiendo ya el daño esperado de los enemigos de la paz. Los datos que falten a estos artículos, se mencionaran en nuestras últimas hojas denominados complementarios
 
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